Historiador José G. Guerrero desafía la versión tradicional sobre la Virgen de las Mercedes en el Santo Cerro

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En el Santo Cerro conviven dos historias: la de una cruz venerada desde los primeros años de la colonización y la de una aparición mariana que, con el paso de los siglos, terminó asociándose a la Virgen de las Mercedes. El historiador José G. Guerrero propone separar ambas tradiciones para comprender mejor cómo se construyó uno de los relatos religiosos más arraigados de la República Dominicana.

Una revisión que cuestiona el relato más conocido

La tradición popular sostiene que la Virgen de las Mercedes apareció durante una batalla librada en 1495 entre españoles y pueblos indígenas, en el lugar que hoy se conoce como el Santo Cerro, en La Vega. Según esa versión, la intervención de la Virgen habría favorecido a las fuerzas españolas y dado origen al carácter sagrado del sitio.

Guerrero cuestiona esa interpretación. En una conferencia dedicada al tema, sostuvo que la batalla no ocurrió en el Santo Cerro y que los protagonistas europeos del enfrentamiento no registraron ninguna aparición milagrosa. La actividad fue reseñada por el Ministerio de Cultura dominicano, que identificó a Guerrero como historiador y director del Museo Nacional de Historia y Geografía.

El planteamiento no pretende negar la importancia de la devoción mercedaria. Su objetivo es más preciso: distinguir entre lo que documentan las fuentes tempranas y lo que fue añadido, reinterpretado o unido posteriormente por la memoria religiosa y cultural.

Lo que dicen las fuentes más antiguas

Guerrero señala que varios cronistas y autoridades vinculados a los primeros años de la colonización no mencionaron una aparición de la Virgen de las Mercedes durante una batalla en el Santo Cerro. Entre los nombres citados figuran Cristóbal Colón, fray Ramón Pané, Pedro Mártir de Anglería, Nicolás de Ovando, Bartolomé de las Casas, Gonzalo Fernández de Oviedo y Pedro Suárez Deza.

El silencio de esas fuentes es significativo porque algunas describieron acontecimientos militares, religiosos y políticos ocurridos en La Española. Si la aparición hubiera formado parte del relato original de la batalla, habría que explicar por qué no aparece en esos testimonios iniciales.

Lo que sí aparece en documentos posteriores es la referencia a una cruz asociada al llamado Cerro de la Concepción. Guerrero menciona un documento de 1520 relacionado con Diego Colón y una relación de 1525 dirigida al emperador Carlos V. En esta última se registra la presencia de una mujer de Castilla sobre la cruz, observada por indígenas, pero sin identificarla como la Virgen de las Mercedes y sin relacionarla expresamente con una batalla.

Ese detalle modifica el centro de la historia. La documentación temprana apunta hacia la veneración de una cruz y hacia un relato de carácter extraordinario, pero no confirma por sí misma la versión completa que llegó hasta el presente.

💡 ¿Sabías que? La documentación citada por Guerrero menciona una cruz y la visión de una mujer sobre ella, pero no habla de una batalla ni identifica a esa figura con la Virgen de las Mercedes, según la reseña publicada por AlMomento.

La batalla no habría ocurrido en el Santo Cerro

Otro elemento central de la revisión es la ubicación del enfrentamiento de 1495. La narración tradicional lo vincula con el Santo Cerro, pero Guerrero recoge investigaciones que sitúan la batalla en la zona de Esperanza, en el noroeste del país.

El historiador Apolinar Tejera llegó a esa conclusión en una investigación publicada en 1908. Décadas después, otros estudiosos reforzaron la ubicación en el área del Batey número 1 de Usamita, en Esperanza. El Ministerio de Cultura resumió esta interpretación al señalar que, de acuerdo con Guerrero, la batalla tuvo lugar en marzo de 1495, no en La Vega.

La precisión geográfica importa porque cambia la relación entre el combate, la cruz y el santuario. Si la batalla ocurrió lejos del cerro, la asociación directa entre el enfrentamiento y la aparición mariana deja de ser un dato histórico demostrado y pasa a formar parte de una tradición desarrollada posteriormente.

La revisión también permite mirar con mayor cuidado la violencia de la conquista. Separar la devoción religiosa de la idea de que una advocación mariana intervino a favor de una matanza indígena evita atribuirle a la Virgen una legitimación automática de aquel episodio. Guerrero ha planteado, precisamente, que debe diferenciarse la veneración histórica de la Virgen de las Mercedes de esa interpretación específica.

De la cruz colonial a la devoción mercedaria

La historia del Santo Cerro parece haber reunido hechos de distintas épocas. Primero aparece la cruz vinculada a Cristóbal Colón y al Cerro de la Concepción. Luego se desarrollan relatos sobre su resistencia y protección. Más tarde, la cruz, el recuerdo de enfrentamientos entre españoles e indígenas, una visión femenina y el culto mercedario pasan a integrarse en una narrativa común.

Un momento decisivo ocurrió en 1562, cuando un terremoto destruyó la antigua ciudad de La Vega. Según la tradición recogida por Guerrero, el lugar de la cruz permaneció intacto. Esa supervivencia fortaleció la percepción de que la cruz protegía a la población frente a terremotos y tempestades. Con el tiempo, partes de la madera fueron cortadas por personas que buscaban beneficiarse de su supuesto poder protector.

El cronista Antonio de Herrera, citado en la revisión, registró en 1601 la existencia de una fortaleza levantada por Colón al pie del cerro y la tradición de una cruz que los indígenas no habían podido destruir. También recogió el relato de una mujer que habría aparecido sobre uno de los brazos de la cruz.

La evidencia disponible permite observar un proceso de acumulación simbólica: un objeto material, una experiencia religiosa, acontecimientos naturales y memorias coloniales fueron enlazándose hasta formar una tradición de gran fuerza.

La incorporación de la Virgen de las Mercedes

La asociación explícita entre el Santo Cerro y la Virgen de las Mercedes aparece, según Guerrero, en obras historiográficas mucho más tardías que los documentos iniciales. Entre los autores mencionados están Antonio Del Monte y Tejada, en 1853; José Gabriel García, en 1894; y Bernardo Pichardo, en 1922.

La cronología no significa que la devoción surgiera de la nada en el siglo XIX. Significa que la identificación concreta de la mujer aparecida con la Virgen de las Mercedes no está presente de la misma manera en las fuentes más antiguas y gana fuerza en etapas posteriores.

Guerrero sitúa un impulso importante de la devoción mercedaria en el siglo XIX. Entre 1853 y 1857, el sacerdote vegano Dionisio de Moya reparó el santuario, mientras que la iglesia actual fue construida en 1888. La consolidación del templo ayudó a convertir el Santo Cerro en un centro permanente de peregrinación y culto.

También fue determinante el reconocimiento de la Virgen de las Mercedes como patrona de la isla y de la ciudad de Santo Domingo en 1617. Desde entonces, su advocación quedó vinculada a la protección espiritual de la población y a episodios en los que los dominicanos buscaron amparo frente a amenazas militares o fenómenos naturales. Esa relación es descrita por el periódico El Caribe al resumir la conferencia de Guerrero.

Una devoción presente en la historia nacional

La Virgen de las Mercedes no pertenece únicamente al calendario religioso. Su presencia se extendió a momentos de tensión política, militar y patriótica. Guerrero relaciona la advocación con episodios ocurridos en 1655, 1691, 1808, 1855 y 1865, así como con expresiones religiosas vinculadas a la proclamación de la República Dominicana el 27 de febrero de 1844.

La devoción también aparece asociada a la defensa de comunidades frente a invasiones, conflictos y desastres naturales. En ese sentido, la Virgen fue incorporada a la memoria colectiva como figura protectora y como símbolo de continuidad en tiempos de incertidumbre.

El hecho de que algunas asociaciones históricas hayan sido elaboradas con posterioridad no reduce necesariamente su importancia cultural. Las sociedades construyen sus símbolos a través de generaciones, y esos símbolos pueden reunir acontecimientos diferentes hasta convertirse en una explicación compartida del pasado.

Lo importante es no confundir valor cultural con comprobación documental. Una tradición puede ser fundamental para una comunidad y, al mismo tiempo, contener elementos que la investigación histórica no puede confirmar.

José G. Guerrero y la importancia de investigar

José Guillermo Guerrero Sánchez es historiador, catedrático, comunicador y miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la Academia de Ciencias. Estudió Historia en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde también ejerció como profesor y llegó a ocupar la vicedecanatura de la Facultad de Filosofía. Además, realizó estudios de posgrado en Educación en Río de Janeiro y ha impartido docencia en distintas instituciones dominicanas y extranjeras, de acuerdo con el perfil difundido por el Ministerio de Cultura.

Como director del Museo Nacional de Historia y Geografía, Guerrero participa en la divulgación de investigaciones sobre el pasado dominicano. Su lectura del Santo Cerro refleja una idea esencial del trabajo histórico: revisar una tradición no equivale a destruirla, sino a conocer mejor sus capas, sus transformaciones y los intereses culturales que contribuyeron a conservarla.

La discusión también invita a leer con atención a historiadores como Apolinar Tejera, Antonio Del Monte y Tejada y Bernardo Pichardo. Cada obra pertenece a un momento distinto y debe ser examinada dentro de su contexto. Las diferencias entre sus relatos muestran que la historia nacional no es una pieza inmóvil, sino una conversación que se enriquece cuando aparecen nuevas preguntas y se vuelven a consultar los documentos.

El Santo Cerro continúa siendo un lugar de fe, memoria y pertenencia. Su significado para los dominicanos no depende exclusivamente de que cada detalle de la tradición pueda probarse en un archivo. Depende también de la manera en que generaciones enteras han encontrado allí consuelo, identidad y una conexión con los orígenes del país.

Revisar críticamente esa historia no le quita dignidad a la devoción. Al contrario, permite honrarla sin atribuirle hechos que las fuentes no respaldan y reconocer la complejidad de una cultura dominicana formada por memorias indígenas, experiencias coloniales, creencias cristianas y luchas patrióticas. En esa búsqueda rigurosa, la tradición no desaparece: adquiere profundidad.

¿Cómo cambiaría nuestra manera de vivir la peregrinación al Santo Cerro si aprendiéramos a venerar por separado la antigua cruz, la historia de la Virgen de las Mercedes y las memorias que los dominicanos hemos unido a lo largo de los siglos?


Referencias

Ministerio de Cultura ofrece conferencia sobre el milagro del Santo Cerro y la Virgen de las Mercedes
El milagro del Santo Cerro: opinión y análisis en AlMomento
El Caribe: El milagro de las Mercedes, un relato cuestionado
Perfil académico de José G. Guerrero en el Ministerio de Cultura
Aclaración histórica sobre el Santo Cerro en El Nuevo Diario


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