Los dominicanos reciben a diario imágenes de atracos, asesinatos y conflictos que circulan por WhatsApp, Instagram, Facebook, TikTok, YouTube y X. Sin embargo, los registros oficiales muestran que la tasa acumulada de homicidios mantiene una tendencia descendente. Esa aparente contradicción —una mejoría en el indicador más grave y una preocupación ciudadana que permanece alta— obliga a mirar la seguridad con más datos, más contexto y menos consignas.
Una reducción comprobable, pero no suficiente
La Fuerza de Tarea Conjunta situó la tasa acumulada de homicidios en 7.34 por cada 100,000 habitantes al 18 de septiembre de 2026. El indicador había sido de 8.74 en 2025, 9.65 en 2024, 11.49 en 2023 y 13.20 en 2022, según los reportes oficiales citados por Noticias SIN sobre la baja de homicidios en 2026.
📊 Dato clave: la tasa reportada pasó de 13.20 homicidios por cada 100,000 habitantes en 2022 a 7.34 al 18 de septiembre de 2026, una reducción acumulada de 44.4 %, de acuerdo con la serie difundida por las autoridades.
El mismo reporte indica que 28 territorios, equivalentes al 80 % de las demarcaciones evaluadas, registraban tasas de un solo dígito. Es un resultado relevante para un país que durante años ha discutido cómo enfrentar la violencia letal, pero no autoriza a afirmar que todos los delitos estén disminuyendo al mismo ritmo.
La tasa de homicidios mide muertes violentas, no la totalidad de la criminalidad. Robos, atracos, violencia de género, delitos sexuales, agresiones, extorsiones y otros hechos requieren registros separados, con metodologías claras y períodos comparables. Una reducción de los homicidios es una señal positiva; no es, por sí sola, un balance completo de la seguridad ciudadana.
También es importante leer cada corte con precisión. Al 25 de septiembre de 2026, las autoridades reportaron una tasa de 7.36 y 99 homicidios durante los primeros 25 días del mes. De esos casos, 45 fueron clasificados como “acción legal”, 35 como conflicto social, 11 como delincuencia y ocho permanecían bajo investigación, según el análisis de Diario Libre sobre homicidios de septiembre.
Ese detalle muestra por qué las estadísticas deben presentarse con transparencia. La cifra nacional puede mejorar y, al mismo tiempo, ciertos territorios, barrios o categorías delictivas pueden requerir atención urgente. La seguridad no se administra con un solo número.
Cuando la percepción pesa más que el promedio nacional
Una persona que teme caminar de noche por su sector no siente el promedio nacional: siente la calle que recorre, el transporte que utiliza, la iluminación de su entorno y la respuesta que recibe cuando denuncia. Por eso la percepción de inseguridad forma parte de la calidad de vida, incluso cuando los indicadores generales registran avances.
La preocupación ciudadana tampoco debe confundirse automáticamente con una negación de los datos. Una encuesta nacional reportada en julio de 2026 encontró que el 42.8 % de los entrevistados mencionó la delincuencia y la inseguridad entre los tres principales problemas del país, mientras el alto costo de la vida alcanzó 62 %. El artículo fuente señala que participaron 1,200 personas, pero ese resultado no pudo ser verificado con una URL independiente en la búsqueda disponible; por tanto, debe tratarse como un dato pendiente de confirmación pública.
La percepción puede estar influida por experiencias personales, testimonios de familiares, condiciones del vecindario, confianza institucional y exposición a noticias. Una víctima directa no necesita que la tasa nacional aumente para modificar su vida cotidiana. Del mismo modo, una comunidad que observa investigaciones inconclusas puede sentirse desprotegida aunque el indicador de homicidios mejore.
La responsabilidad consiste en sostener ambas verdades: los hechos violentos existen y deben investigarse; los avances estadísticos también existen y deben reconocerse. Negar cualquiera de las dos realidades empobrece el debate.
El efecto multiplicador de las redes sociales
Un mismo crimen puede aparecer varias veces durante el día: primero en un grupo de WhatsApp, después en Instagram, luego en Facebook, TikTok, YouTube o X. Puede ser publicado con distintos titulares, acompañado por imágenes distintas o comentado por múltiples personas. La repetición no significa que hayan ocurrido varios delitos, pero sí puede producir la sensación de que la violencia está presente en todas partes.
El problema no es informar sobre un hecho grave. El problema surge cuando un video antiguo se presenta como reciente, cuando un caso local se convierte en una descripción de todo el país o cuando una imagen sin contexto se utiliza para confirmar una conclusión política previamente decidida.
La comunicación responsable debe indicar cuándo y dónde ocurrió el hecho, qué está confirmado y qué permanece bajo investigación. También debe evitar divulgar imágenes que expongan innecesariamente a víctimas o familiares. La rapidez de las redes no elimina la obligación de verificar.
Las autoridades, los medios y los creadores de contenido comparten una responsabilidad. Una reducción estadística no debe emplearse para silenciar una denuncia legítima; un caso estremecedor tampoco debe presentarse como prueba automática de que toda la República Dominicana está fuera de control.
Lo que enseñan las comparaciones internacionales
La tensión entre estadísticas y percepción no es exclusiva de la República Dominicana. En ciudades estadounidenses como Nueva York, Filadelfia, Washington, Chicago, Los Ángeles y Detroit, los debates de seguridad también cambian según el delito observado, el período analizado y la experiencia de los residentes.
La comparación, sin embargo, debe hacerse con cuidado. No es metodológicamente correcto colocar ciudades y países en una misma tabla sin ajustar población, definiciones legales, fuentes, cobertura territorial y fecha de corte. Tampoco se puede declarar cuál lugar es “más peligroso” con base en una sola categoría.
El punto útil de la comparación es otro: una ciudad puede mostrar una reducción de homicidios y mantener miedo ciudadano por robos, violencia en el transporte, delitos visibles o hechos particularmente crueles. También puede disminuir una categoría mientras aumenta otra. Esa complejidad debe reflejarse en la conversación dominicana.
Policía Comunitaria y confianza institucional
La seguridad no empieza ni termina con una patrulla después de cometido el delito. Una Policía Comunitaria efectiva debe conocer los sectores donde trabaja, conversar con residentes, comerciantes, líderes comunitarios, iglesias, escuelas y clubes deportivos, y recibir información antes de que los conflictos escalen.
Ese modelo no sustituye la investigación criminal ni la respuesta operativa. Las complementa. Un agente que mantiene contacto regular con la comunidad puede identificar problemas recurrentes, ubicar puntos de tensión y mejorar la disposición de los ciudadanos a denunciar o colaborar como testigos.
La Policía Nacional merece reconocimiento cuando los datos reflejan resultados favorables. Al mismo tiempo, una institución moderna necesita investigar con transparencia cualquier denuncia de abuso, uso desproporcionado de la fuerza o actuación irregular. La autoridad pública se fortalece cuando combina profesionalización, supervisión, buenas condiciones laborales y rendición de cuentas.
La confianza tampoco se construye únicamente con campañas. Se construye cuando una denuncia recibe seguimiento, cuando la evidencia se preserva y cuando el ciudadano entiende qué ocurrió con su caso.
Justicia eficiente y prevención social
La seguridad ciudadana requiere investigaciones sólidas, fiscales preparados, tribunales capaces de responder y respeto al debido proceso. Anunciar arrestos no equivale a resolver un delito si el expediente fracasa por deficiencias probatorias o investigativas.
La justicia eficiente tiene además un efecto preventivo: comunica que una agresión será investigada y que las instituciones pueden ofrecer una respuesta legítima. Cuando ocurre lo contrario, crecen la frustración, el silencio y la desconfianza.
La prevención debe incluir oportunidades para jóvenes y profesionales. Programas deportivos, formación técnica, becas, primeros empleos, educación tecnológica, emprendimiento y recuperación de espacios públicos no sustituyen a la Policía, pero pueden reducir condiciones que favorecen la exclusión y el reclutamiento criminal. Para los profesionales jóvenes, estudiar y capacitarse debe abrir posibilidades reales de empleo y desarrollo.
Seguridad también significa iluminación, transporte, vivienda, salud mental, educación y justicia. Una política integral no escoge entre patrullaje y oportunidades: necesita ambos.
La diáspora entre el temor y el regreso
Los dominicanos residentes en Estados Unidos y otros países reciben las mismas imágenes violentas que circulan dentro del país. A pesar de ello, muchos continúan viajando para visitar familiares, pasar temporadas, invertir, comprar viviendas o evaluar un retiro en la República Dominicana.
Ese comportamiento no constituye una prueba científica de seguridad. Viajar puede responder a vínculos familiares, identidad, inversión o necesidades personales. Pero sí revela que la relación de la diáspora con el país no puede describirse únicamente a través de videos de delitos.
La vida cotidiana de quienes regresan por meses o se jubilan en Santiago, Santo Domingo, San Cristóbal, Puerto Plata u otras provincias rara vez aparece en las noticias cuando transcurre sin incidentes. Un atraco sí genera titulares; una jornada normal no. Esa asimetría explica parte de la distancia entre la experiencia ordinaria y la imagen más visible del país.
La experiencia de la diáspora, no obstante, debe recogerse con testimonios verificables y no con afirmaciones generales. Hay dominicanos que regresan satisfechos y otros que enfrentan riesgos o dificultades. Ambas experiencias merecen ser escuchadas.
Transparencia para reducir el crimen y el miedo
La mejor respuesta a la percepción exagerada no es la propaganda. Es la información verificable. Las autoridades deberían publicar con regularidad los homicidios, robos y otros delitos denunciados, además de explicar variaciones por territorio, categoría y período.
El Centro Nacional de Análisis de Datos de la Seguridad Ciudadana informó que el país cerró 2025 con una tasa de 8.7 homicidios intencionales, según su boletín institucional de CADSECI. La existencia de series oficiales permite evaluar tendencias, pero su utilidad depende de que las definiciones, fechas de corte y posibles revisiones estén claramente explicadas.
También sería conveniente impulsar educación pública para interpretar estadísticas, identificar videos reciclados y comprobar la fecha y el lugar de una noticia antes de compartirla. La alfabetización digital puede reducir rumores sin ocultar delitos reales.
República Dominicana tiene razones concretas para reconocer la reducción sostenida de homicidios, pero todavía enfrenta hechos violentos, territorios vulnerables y una preocupación ciudadana que no desaparece con una cifra nacional. El desafío patriótico consiste en mejorar sin triunfalismo: fortalecer la Policía Comunitaria, hacer más eficiente la justicia, proteger a las víctimas, crear oportunidades y comunicar cada avance o retroceso con honestidad. Solo así los datos positivos podrán convertirse en una experiencia cotidiana de mayor tranquilidad y confianza.
¿Qué cambios concretos harían que la mejoría de las estadísticas se sintiera también en tu barrio, en tu comunidad y entre los dominicanos que regresan del exterior?
Fuentes
Noticias SIN
Diario Libre
Policía Nacional de la República Dominicana
CADSECI
Referencias
República Dominicana baja tasa de homicidios a 7.34, según Noticias SIN
Homicidios por “acción legal” en septiembre alcanzan cifras alarmantes, Diario Libre
Boletines oficiales sobre seguridad ciudadana, CADSECI
Noticias de la Policía Nacional de la República Dominicana
Tasa de homicidios baja a 7.41, según la Fuerza de Tarea Conjunta, Ntelemicro
__
LTDMA es un portal dominicano y archivo histórico vivo donde recopilamos contenido evergreen que documenta todo lo que define a Quisqueya: su historia, cultura, música, progreso, belleza, logros y triunfos — y también todos los retos que forjan su carácter. Sin agenda política. Solo el propósito de preservar, para las generaciones presentes y futuras, el mejor registro de su hermosa identidad.
