¿Quién escribe la isla hoy? Un análisis profundo del encuentro literario de Fundación Gente Brava en República Dominicana

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Un sábado por la mañana, en una librería de Santo Domingo, la literatura dominicana se reunió alrededor de una pregunta que también es una disputa: ¿quién tiene derecho a contar la isla? El conversatorio “Verso y prosa: ¿quién escribe la isla hoy?”, organizado por la Fundación Gente Brava, convirtió esa interrogante en un diálogo sobre identidad, memoria, género, diáspora y las voces que todavía esperan espacio en el relato nacional.

La isla como punto de partida, no como frontera

El encuentro, celebrado en Cuesta Libros, abrió la Temporada 2026 de la Fundación Gente Brava y fue moderado por Pedro Castellanos Hernández, director editorial de la organización. El panel reunió al escritor y guionista Miguel Yarull, a la escritora y cofundadora de Proyecto Anticanon Arlene Sabaris, y a Minerva del Risco, escritora y directora del Festival Internacional de Literatura Mar de Palabras, según la información publicada por la crónica de El Nuevo Diario sobre el evento.
La primera provocación fue conceptual: antes de preguntar quién escribe la isla, había que definir qué significa “la isla”. Para Yarull, la respuesta no depende del lugar desde el cual se escribe, sino de la honestidad con que se aborda la experiencia dominicana y caribeña. Su planteamiento —“quien sienta y aborde con sinceridad, tiene el derecho a contar la isla”— desplaza el debate desde la pertenencia geográfica hacia la responsabilidad de la mirada.
La diáspora, bajo esa perspectiva, no aparece como una experiencia secundaria ni como una distancia que invalida. Quien escribe desde fuera puede seguir vinculado a la isla mediante la memoria, el lenguaje, los afectos, los conflictos familiares y las preguntas que permanecen abiertas. La identidad insular no queda encerrada en el territorio: viaja, se transforma y vuelve a interpretarse desde otros lugares.
Sabaris formuló el giro más radical del panel al afirmar que “la isla dejó de ser un lugar acerca del que se escribe y se convierte en un lugar desde el que se escribe”. La diferencia parece sutil, pero cambia por completo el centro del análisis. La República Dominicana y el Caribe dejan de ser únicamente temas literarios para convertirse en posiciones de enunciación: experiencias históricas y culturales desde las cuales se observa el mundo.

Una literatura que enfrenta sus silencios

La conversación también puso sobre la mesa uno de los asuntos más difíciles de la narrativa dominicana contemporánea: aquello que se evita nombrar. Minerva del Risco expresó su preocupación por el tratamiento insuficiente de la relación entre República Dominicana y Haití. “No hablamos de Haití porque les tenemos miedo. Y a eso es que yo le tengo miedo: al silencio”, dijo durante el encuentro.
La frase no propone una respuesta simple a una relación histórica compleja. Su importancia está en señalar el costo cultural de la omisión. Cuando una sociedad evita ciertos temas, la literatura pierde la oportunidad de examinar sus contradicciones, sus prejuicios, sus vínculos y sus responsabilidades históricas. El silencio no elimina el conflicto; apenas lo vuelve menos visible y más difícil de discutir.
En ese sentido, la literatura puede desempeñar una función que va más allá de la creación estética. Puede abrir conversaciones que la política, la educación o la vida cotidiana no siempre consiguen sostener. Un cuento, una novela, un poema o una crónica pueden colocar frente al lector experiencias que han sido apartadas del relato dominante y permitir que sean examinadas desde la complejidad humana.
El panel planteó así una idea esencial: la literatura dominicana no se fortalece cuando evita sus zonas incómodas, sino cuando encuentra formas rigurosas y sensibles de explorarlas. La identidad nacional no es una imagen fija. Se construye también a partir de las preguntas que una comunidad decide hacerse.

Mujeres y autoras fuera del canon

La representación femenina ocupó otro de los ejes centrales del conversatorio. Sabaris citó un dato que resume la persistencia de un desequilibrio: de una lista de los 100 libros más importantes escritos por dominicanos en años recientes, apenas cinco correspondían a autoras mujeres, de acuerdo con el reporte del encuentro publicado por la cobertura de El Nuevo Diario.
Más que una cifra aislada, el dato funciona como una pregunta sobre quién decide qué obras merecen ser recordadas, estudiadas y recomendadas. También obliga a distinguir entre la existencia de escritoras y su presencia efectiva en los espacios que construyen la memoria literaria: antologías, listas de lectura, programas educativos, reseñas, premios, catálogos editoriales y conversaciones públicas.
En ese contexto trabaja Proyecto Anticanon, iniciativa cofundada por Sabaris que investiga y visibiliza historias relacionadas con la afrodescendencia, la resistencia indígena y la tradición oral caribeña. Su enfoque cuestiona la idea de que el canon literario sea un inventario neutral. Toda selección implica criterios, y esos criterios pueden ampliar la representación o reproducir exclusiones.
La discusión sobre las autoras dominicanas no se limita a reclamar una mayor cantidad de nombres en las listas. También exige revisar los temas que se consideran literarios, las voces que se reconocen como autorizadas y las experiencias que han sido clasificadas como marginales. Recuperar esas obras permite leer el país desde más de una perspectiva y comprender que la cultura dominicana nunca ha sido una sola narración.

Memoria histórica: mantener vivos a los muertos

Uno de los momentos más íntimos llegó cuando Minerva del Risco habló de su padre, el poeta René del Risco Bermúdez, fallecido a los 35 años. “Si uno no mantiene vivo a los muertos, los muertos se olvidan”, expresó, según la reseña del encuentro difundida por la nota de El Nuevo Diario.
La declaración conectó la memoria familiar con una responsabilidad colectiva. Recordar a un escritor no consiste únicamente en conservar su nombre o reproducir algunos de sus textos. Implica volver a leerlo, discutir su obra y ubicarla dentro de los conflictos y transformaciones de su tiempo.
La pregunta del público sobre la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo llevó ese asunto a un terreno todavía más amplio. Una asistente planteó por qué, pese a la abundante documentación existente sobre ese período, persiste un desconocimiento generalizado del pasado y no se ha desarrollado un ejercicio de memoria histórica comparable al de países como Argentina o Brasil.
El intercambio no ofreció una respuesta definitiva, pero sí dejó planteado un problema crucial: documentar no garantiza, por sí solo, que una sociedad recuerde. Los archivos necesitan circular; las investigaciones deben llegar a las aulas y a los lectores; las conversaciones tienen que conectar los hechos históricos con las preguntas del presente. La memoria se mantiene viva cuando deja de ser una pieza aislada y se convierte en una práctica social.

La cultura como acto de resistencia

Durante las preguntas del público, un cronista e investigador vinculó su trabajo sobre la cultura popular caribeña con una reflexión de Del Risco sobre la identidad insular. La pregunta fue cómo las nuevas generaciones continúan narrando el Caribe cuando identificarse como caribeño puede ser, en sí mismo, un acto de resistencia.
La inquietud resume una tensión permanente. El Caribe suele ser representado desde imágenes externas: paisaje, música, sensualidad, pobreza, migración o conflicto. Sin embargo, contar el Caribe desde dentro significa disputar esas representaciones y producir relatos con mayor espesor histórico y social.
La resistencia cultural no se expresa únicamente en grandes manifiestos. También aparece en la conservación de una palabra, en la recuperación de una tradición oral, en la defensa de una autora olvidada, en la documentación de una conversación o en la decisión de contar una experiencia que no encaja en las versiones más cómodas de la identidad dominicana.
Desde esa óptica, el conversatorio fue más que una actividad literaria. Funcionó como una discusión sobre los mecanismos mediante los cuales una sociedad selecciona lo que recuerda y lo que deja fuera. La literatura fue el punto de entrada, pero el debate alcanzó la cultura popular, la historia, la migración, las relaciones dominico-haitianas y el papel de las nuevas generaciones.

Fundación Gente Brava: conversación convertida en archivo

La Fundación Gente Brava se presenta como una organización dominicana sin fines de lucro dedicada a la investigación, documentación, curaduría, producción y difusión de contenidos culturales y artísticos del Caribe. Su misión institucional es preservar, activar y proyectar la identidad cultural caribeña contemporánea mediante historias reales, diálogos significativos y procesos de aprendizaje colectivo, según la información publicada en el sitio web oficial de la Fundación Gente Brava.
El proyecto nació a partir del podcast Gente Brava, en circulación desde 2019. La organización indica que el programa ha reunido más de 50 entrevistas y que fue nominado a los Premios GARDO 2021. El propósito de la Fundación es llevar ese ejercicio de conversación hacia una estructura más amplia de archivo, encuentros, investigación y difusión.
La lógica es importante: una conversación cultural puede parecer efímera, pero contiene información que rara vez aparece en los registros formales. En las voces de artistas, escritores, investigadores y gestores quedan las motivaciones, los métodos de trabajo, las influencias y las interpretaciones de una época. Registrar esas voces permite que futuras generaciones conozcan no solo las obras, sino también las condiciones en que fueron creadas.
Laura Castellanos Hernández, directora cultural de la Fundación, explicó que cada encuentro documenta algo que podría perderse si no se registra: una conversación literaria, un archivo musical o los criterios para incorporar nuevas herramientas sin sacrificar lo esencial del trabajo cultural, según la reseña de El Nuevo Diario sobre la actividad.
La Temporada 2026 contempla tres encuentros gratuitos. Después de “Verso y prosa”, la Fundación anunció “No te vas sin que te ponga algo”, un círculo de escucha con el ilustrador y DJ Poteleche, programado para el domingo 1 de noviembre en Swing Records. Las actividades requieren registro previo y están sujetas a cupos limitados.
La importancia de iniciativas como esta no está únicamente en organizar eventos. Está en construir continuidad. Una conversación aislada puede inspirar; una serie documentada puede formar un archivo. Y un archivo accesible puede convertirse en una herramienta para investigadores, estudiantes, creadores y ciudadanos interesados en comprender cómo se produce la cultura dominicana.
La pregunta “¿quién escribe la isla hoy?” permanece abierta porque la isla tampoco es una realidad terminada. La escriben quienes publican libros, quienes preservan voces, quienes cuestionan el canon, quienes narran desde la diáspora y quienes se atreven a mirar de frente los silencios históricos. En ese intercambio, la literatura dominicana contemporánea confirma su capacidad para defender la memoria, ampliar la identidad caribeña y convertir la conversación en patrimonio compartido.
¿Qué voces dominicanas —de aquí y de la diáspora— deberían entrar ahora en el archivo vivo de la isla?

Fuentes

El Nuevo Diario: ¿Quién escribe la isla hoy?
Fundación Gente Brava: sitio oficial
Fundación Gente Brava: presentación y misión
Gente Brava: acerca del proyecto


Referencias

¿Quién escribe la isla hoy? Así fue el primer encuentro de la Temporada 2026 de Fundación Gente Brava (El Nuevo Diario)
Fundación Gente Brava: sitio oficial y misión
Presentan Fundación Gente Brava para preservar la memoria cultural dominicana contemporánea (Reconocidos.net)
Gente Brava: sobre el proyecto y el podcast


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