Las "corridas de toros" que una vez prosperaron en toda la isla de Santo Domingo han encontrado su hogar permanente en El Seibo, una comunidad que, por su ubicación céntrica al este de la isla, se convirtió en refugio de gente conservadora durante las contingencias de la vida colonial, la revolución haitiana y la invasión de Boyer. Hoy, esta práctica ancestral trasciende su carácter popular para ingresar en una nueva era con la inauguración de infraestructuras modernas que reconocen su valor como manifestación cultural dominicana.
En un video promocional de las fiestas patronales, un historiador español afirmó que las corridas de toros de El Seibo son únicas en el Caribe. Sin importar si esta afirmación es completamente precisa, lo cierto es que dentro del territorio nacional, esta tradición no tiene paralelo. Celebradas durante días en las festividades patronales que inician alrededor del Día de la Santa Cruz a principios de mayo, las corridas de toros representan una manifestación viva del patrimonio dominicano que ha resistido siglos de cambios políticos y sociales.
Una práctica secular que desafió prohibiciones
La antigüedad de esta curiosa tradición se remonta a épocas en las que el Arzobispado de Santo Domingo advertía al ayuntamiento sobre la prohibición de estas corridas. Fray Domingo Fernández de Navarrete, informando al rey hacia finales del siglo diecisiete, documentó que a pesar de las prohibiciones, muchas corridas de toros continuaban realizándose en el país.
Durante la ocupación haitiana bajo el gobierno de Charles Herard Ainé, la Junta Municipal de Santo Domingo prohibió el "juego de toros" en las calles, permitiéndose únicamente con la mediación de "barreras". Esta disposición marcó el inicio de la forma característica en que las corridas se realizarían en El Seibo: con el animal encerrado en un redondel construido de varas verdes con resistencia suficiente para evitar que el toro escapara.
De acuerdo con historiadores locales de la cultura taurina en El Seibo, a mediados del siglo veinte estas barreras eran bastante rústicas, fabricadas con varas atadas con cuerdas. Ya en las décadas posteriores, las varas se fijaban unas a otras con clavos, construyéndose en espacios públicos antes de cada celebración. En el siglo pasado, bajo el gobierno de Juan Isidro Jiménez, se implementó nuevamente una prohibición que evidencia cómo esta práctica fue constantemente desafiada por ser considerada peligrosa, inculta y capaz de distraer a la población del trabajo.
El carácter incruento: rasgo distintivo dominicano
Lo que distingue a las corridas de toros seibanas de sus homólogas en otras latitudes es su carácter incruento. En el redondel de El Seibo, los toreros no dan muerte a los toros; se limitan a torearlos hasta que se cansan, momento en el cual se encierra el animal y se saca otro. Esta característica única en las Antillas refleja la humanidad y el respeto por la vida que caracteriza esta manifestación cultural dominicana, permitiendo que niños, jóvenes y adultos disfruten de los pases y movimientos propios del arte de la tauromaquia sin presenciar actos de violencia.
El legado comunitario
Hasta hace poco, las corridas eran actividades abiertas a las que asistía la gente sin pagar entrada, caracterizadas por el arrojo personal de toreros que se entrenaban a sí mismos para desafiar a toros en espacios cerrados. Los toreros seibanos representan una tradición de valor y destreza que ha perdurado generación tras generación, siendo figuras importantes en la identidad cultural de la comunidad.
Una nueva era: la Plaza Multiuso Seibana
El dieciséis de enero de dos mil veintiséis, el presidente Luis Abinader inauguró la Plaza Multiuso Seibana, marcando un antes y un después en el desarrollo cultural, social y turístico de la provincia. Esta obra, realizada con una inversión de cientos de millones de pesos, representa el reconocimiento estatal a una tradición que ha sido conservada únicamente en El Seibo durante siglos.
La plaza, que lleva el nombre de Eduardo Lima, fue diseñada con capacidad para miles de personas, incluyendo estacionamientos para autobuses y vehículos, así como un área infantil amplia. Las instalaciones comprenden restaurantes, un salón con accesibilidad universal para eventos, módulos de ventas, almacenes, establos, corrales, camerinos, boletería, punto de información y tienda de regalos. Esta infraestructura moderna transforma las corridas de toros en un espectáculo de envergadura comparable a los grandes eventos culturales internacionales.
El gobierno establecerá un patronato para la realización de corridas de toros de carácter mensual, con el objetivo de atraer turistas de las provincias cercanas y posicionar a El Seibo como destino cultural regional.
Patrimonio Cultural de la República Dominicana
El Senado de la República reconoció la importancia histórica de esta tradición al declarar las corridas de toros de Santa Cruz de El Seibo como Patrimonio Cultural, elevando simultáneamente a la provincia El Seibo a la categoría de Provincia Taurina. Esta designación oficial valida siglos de continuidad cultural y posiciona a El Seibo como guardián de una manifestación única en las Antillas.
Desafíos y oportunidades de desarrollo
Con una plaza como esta, sin otra igual en ninguna de las provincias circundantes, los seibanos tienen la oportunidad histórica de convertirse en un punto céntrico y seguro de recreo regional. La inversión estatal demanda que se piense en nuevas dimensiones: caballos con condiciones para ser exhibidos, crianza de toros de características adecuadas para el redondel, y posiblemente la formación institucional de toreros a través de escuelas dedicadas.
El Seibo debe ponerse a la altura de una inversión que ninguna otra administración consideró merecerle, a pesar de los ruegos históricos. El desarrollo futuro dependerá de cómo la comunidad seibana y sus autoridades gestionen estas instalaciones para generar actividad económica sostenible. Esto incluye no solo las corridas tradicionales, sino también conciertos, ferias agropecuarias, exhibiciones de caballos de paso fino y otros eventos culturales que dinamicen la economía local.
Una necesidad complementaria es la participación de inversionistas privados que construyan infraestructuras hoteleras de calidad, esencial para convertir a El Seibo en destino turístico integral que potencie el impacto económico de la plaza cultural.
El patrimonio vivo del pueblo dominicano
Las corridas de toros de El Seibo representan más que un espectáculo; son una manifestación viviente del paleolítico de la dominicanidad que ha sobrevivido prohibiciones, cambios políticos y presiones modernizadoras. En el siglo veintiuno, con la construcción de esta plaza moderna, la tradición accede a un reconocimiento institucional que la proyecta como identidad cultural nacional.
El Seibo ha guardado celosamente esta práctica secular, permitiendo que generaciones de dominicanos experimenten el valor, la destreza y la conexión con las raíces históricas del pueblo. Con la Plaza Multiuso Seibana, la República Dominicana demuestra su compromiso con la preservación de sus tradiciones únicas mientras las proyecta hacia un futuro de desarrollo económico y cultural.
Esta inversión significativa no debe ser enterrada como un tesoro olvidado, sino puesto a reproducirse generando empleo, atrayendo visitantes y consolidando a El Seibo como referente cultural regional. El desafío es que esta obra moderna sirva como plataforma para que los seibanos escriban un nuevo capítulo en la historia de sus tradiciones, honrando el pasado mientras construyen un futuro próspero.
Referencias usadas en Artículo
- Cultura taurina en El Seibo
- Luis Abinader inaugura Plaza de toros El Seibo con 430 millones de pesos
- Presidente inauguró Plaza de Toros en este de R.Dominicana
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