El Teatro Dominicano en 2025: Un Año de Crecimiento y Consolidación Escénica

teatro dominicano 2025

El teatro dominicano en dos mil veinticinco no pidió permiso. Se afirmó. Se multiplicó. Se atrevió. Y, sobre todo, dialogó con su tiempo sin perder la memoria. Si algo dejó claro esta temporada es que el teatro, cuando es auténtico, no solo se representa: se vive.

El teatro dominicano vivido en este año no solo confirmó su vitalidad: la desbordó. Fue un tiempo de abundancia creativa, de riesgo estético, de madurez actoral y de una presencia escénica constante que convirtió al teatro en un hecho cotidiano. Hubo estrenos todos los meses y, en algunos períodos, casi todas las semanas. Más que una temporada, fue un estado de ánimo que atravesó la nación entera.

Al recorrer críticamente lo presentado desde los escenarios en este año que concluye, el balance es claro y compartido: el teatro nacional, entendido como práctica viva y no como edificio simbólico, ha crecido. Ha ampliado sus públicos, ha fortalecido sus discursos y ha elevado su factura artística con una seguridad que no se improvisa.

Un festival que confirmó madurez escénica

El XII Festival Internacional de Teatro República Dominicana, celebrado entre octubre, fue uno de los hitos culturales más sobresalientes del año, como lo destacó la cartelera oficial del FITE RD 2025. Organizado por el Ministerio de Cultura, el festival se propuso —y logró— fortalecer y democratizar el acceso al teatro en todo el territorio nacional.
Las funciones se desplegaron desde el Palacio de Bellas Artes hasta el Teatro Nacional Eduardo Brito, extendiéndose a Santo Domingo, Santiago, Puerto Plata, San Cristóbal, Azua, San Juan, Elías Piña y La Romana. Con boletas a precio popular, el festival confirmó que el teatro también puede ser un acto de ciudadanía. La apertura estuvo a cargo de Teatro Corsario de España con El alcalde de Zalamea, y el cierre lo marcó Protocolo del quebranto de la compañía española unahoramenos. Participaron compañías internacionales y nacionales en un acontecimiento sin matices.

Permanencias que son vanguardia

Los veinticinco años de Teatro Las Máscaras, bajo la guía de Germana Quintana y Lidia Ariza, no fueron una celebración nostálgica, sino una reafirmación artística. Iniciaron el año con Todos lo quieren saber y retomaron su clásico Cita a ciegas, recordándonos que la permanencia también es una forma de vanguardia.

La IV Temporada Teatral Banreservas consolidó un modelo ejemplar de apoyo institucional, lo que se evidenció en la programación especial del Centro Cultural Banreservas. Ocho obras, numerosas funciones, sedes principales y una dedicatoria justa a Germana Quintana. Ver gratuitamente algunas de las mejores obras del año anterior se ha convertido ya en una tradición que dignifica al público y a los creadores.

Teatro para la infancia y la juventud

El Festival Internacional de Teatro para la Infancia y la Juventud, organizado por Teatro Cúcara-Mácara, se celebró en noviembre reuniendo propuestas de Chile, Colombia, Cuba, Rusia y República Dominicana. Obras como Un dinosaurio llamado Igu, Érase una vez, un pato y Quién le tiene miedo al viento confirmaron que el teatro infantil no es un género menor, sino un terreno de formación estética, ética y emocional.

Nuevos espacios, nuevas dinámicas

El Teatro Lope de Vega, fundado por Gianni Paulino, se consolidó como una de las salas más activas de la nación. Su cartelera constante lo posicionó como una alternativa sólida a los espacios tradicionales, abriendo nuevas rutas para el público y los creadores.

La Sala Laura Bertrán, del Colegio Babeque Secundaria, confirmó su vocación escénica con montajes como El Principito, en una versión íntima y sensible.

El microteatro en la Zona Colonial mereció una mención de honor. Obras breves para públicos reducidos demostraron que la intensidad no depende de la duración.

Figuras que definen una era

Haffe Serulle vivió uno de sus mejores años con El foso y Cuerpos de barro. Ambas propuestas, distintas en forma y tono, compartieron una profundidad filosófica y una apuesta estética que lo confirman como un creador imprescindible para la escena nacional.

El aniversario de Teatro Guloya volvió a poner en primer plano la coherencia ética y artística de Claudio Rivera y Viena González. Su labor formativa es uno de los pilares del teatro independiente dominicano.

Basilio Nova mantiene su objetivo claro: hacer teatro para los nuevos públicos con dignidad y sentido de trascendencia. Ha fortalecido el Festival Internacional de Teatro Infantil que realiza anualmente y se ha mantenido durante todo el año con Absoluto Teatro en la zona universitaria.

Lorena Olivia se mantiene activa con entrenamientos y presentaciones en su sala, desempeñándose como maestra y artista de la escena. Ha sido responsable de formar al joven director considerado entre los más formidables de la nueva generación: Josué Hirujo.

El rostro humano del escenario

Elvira Taveras se consolidó definitivamente como una de las actrices más intensas, diversas y profesionales del país. En cada proyecto pone alma toda.

Francis Cruz brilló en Ahora que vuelvo, Tom y recordó lo mejor de su trayectoria.

Patricio León, como el demonio en Fausto, confirmó su potencia escénica. Es multitalento, pensador, educador, intérprete y productor.

Pepe Sierra ratificó su condición de actor mayor.

José Guillermo ofreció una lección de actuación alejada de facilismos en Habemus Papa, demostrando sus múltiples dimensiones.

Cecilia García volvió a ser la incomparable en Hello, Dolly!, estremeciendo el Teatro Nacional con su elenco.

Exmin Carvajal destacó como Ebenezer Scrooge en el Lope de Vega.

Xiomara Rodríguez fue el eje actoral de El inconveniente.

Directores que marcaron el año

Guillermo Cordero, con Habemus Papa, firmó una de las direcciones más audaces y profundas de la temporada escénica, como subraya una reseña sobre lo mejor del teatro en 2025. Dirección conceptual impecable, actuaciones de altísimo nivel, con transformaciones de antología.

Waddy Jáquez elevó el estándar del musical con Peter Pan, una producción histórica por su despliegue técnico y artístico.

Fausto Rojas dialogó con la tradición en El sueño de la vida, un montaje sensible y poético celebrado por su elegancia histórica.

Josué Hirujo se confirmó como una de las voces jóvenes más personales, brillando en varios montajes destacados.

Germana Quintana devolvió al público la esencia del teatro transformador con Cita a ciegas.

Carlos Espinal, reconocido director general de la exitosa producción dominicana de Hello, Dolly! estrenada en el Teatro Nacional, es una figura clave en las artes escénicas. Es exigente, impecable, disciplinado y estricto: una reserva subutilizada del teatro local.

Los momentos estelares

Habemus Papa de Guillermo Cordero fue el montaje más celebrado del año. Las transformaciones de antología, la hondura conceptual y las actuaciones establecieron esta obra como referencia del teatro contemporáneo dominicano.

El sueño de la vida de Fausto Rojas presentó una adaptación ejemplar que conectó profundamente con el público.

Fausto de Manuel Chapuseaux fue una ambiciosa adaptación aclamada por su rigor estético.

Ahora que vuelvo, Tom, dirigida por Manuel Chapuseaux, contó con una actuación sobresaliente de Francis Cruz.

Liborio de Teatro Guloya se consolidó en el imaginario nacional como un unipersonal de potencia ritual y política extraordinaria.

La dama boba de Josué Hirujo actualizó ingeniosamente el clásico del Siglo de Oro.

Peter Pan, el musical de Waddy Jáquez despuntó como producción integralmente destacada.

Hello, Dolly! fue presentada con elegancia, carisma y alta factura.

El Principito de Josué Hirujo fue un montaje poético y conmovedor que reconectó al público con la esencia del clásico literario.

El retrato de Dorian Gray de Manuel Chapuseaux fue una versión visualmente poderosa y estéticamente arriesgada.

Dos viejos pánicos de Virgilio Piñera convocó a Orestes Amador y Elvira Taveras en una batalla emocional sobre la vigencia del absurdo latinoamericano.

Anacaona de Fausto Rojas, con Mileny Dippton en escena, celebró la puesta y la memoria indígena caribeña.

La verdad de Pepe Sierra fue una comedia reflexiva y de notable despliegue actoral.

El inconveniente de Elvira Taveras conectó profundamente con el público local.

¿Feo yo? de Pepe Sierra fue una comedia con elogiada

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