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Legado y Vida del Padre Ángel Rogelio Soto Cruz: Un Pilar de la Familia Salesiana en República Dominicana

Conoce la inspiradora vida y legado del Padre Ángel Rogelio Soto Cruz, sacerdote salesiano dominicano que dedicó más de seis décadas al servicio educativo y pastoral, dejando una huella imborrable en Jarabacoa y La Vega.

Una Vida Dedicada al Servicio de la Juventud

La Familia Salesiana de República Dominicana se despide con profundo dolor del Padre Ángel Rogelio Soto Cruz, quien durante más de seis décadas consagró su existencia al servicio educativo, pastoral y formativo. Su fallecimiento representa una pérdida significativa no solo para la congregación, sino para toda la Iglesia dominicana y especialmente para las comunidades de Jarabacoa y La Vega, territorios que lo acogieron como uno de los suyos.

Origen y Formación Salesiana

El Padre Ángel Rogelio Soto Cruz nació el 27 de noviembre de 1942 en el barrio San Carlos de Santo Domingo, fruto de la unión entre Ángel Armando Soto y Ana María Cruz. En un hogar marcado por la profunda sencillez y los valores cristianos, especialmente enraizado en la fe viva de su madre, germinaría desde temprano la vocación que caracterizaría su vida. A los doce años, respondiendo al llamado divino, ingresó al Aspirantado Salesiano Domingo Savio de Jarabacoa, iniciando así su camino de consagración a través del carisma de Don Bosco.
Su formación religiosa se desarrolló en los territorios del Caribe, transitando por República Dominicana, Cuba y Puerto Rico. El 15 de agosto de 1958, realizó su ingreso al noviciado en Arroyo Naranjo, Cuba, donde meses después, el 16 de agosto de 1959, emitió su primera profesión religiosa. No obstante, los cambios políticos que sacudieron a Cuba lo llevaron a continuar su proceso formativo en Puerto Rico, para después radicarse nuevamente en Jarabacoa, donde realizó su tirocinio. El 24 de julio de 1965, profundizó su compromiso religioso al emitir su profesión perpetua en Haina.

Ordenación Sacerdotal y Vida Ministerial

Sus estudios teológicos los cursó en Guatemala, tierra que lo preparó para asumir la responsabilidad del sacerdocio. El 4 de octubre de 1969, en Santo Domingo, fue ordenado sacerdote, dando inicio a una trayectoria ministerial que se extendería de manera incondicional durante más de cincuenta años. Desde ese momento, cada aspecto de su vida se orientó hacia la misión educativa, pastoral y formativa de la Congregación de San Francisco de Sales.

Una Carrera de Liderazgo y Servicio

Dentro de la estructura organizacional de la Familia Salesiana, el Padre Ángel Rogelio desempeñó responsabilidades de gran envergadura. Actuó como educador, formador, director, delegado, ecónomo, vicario e inspector, papeles que le permitieron dejar su marca en distintas dimensiones de la vida salesiana. Su participación en el Capítulo General 21 consolidó su relevancia en los procesos decisivos de la congregación.
Entre 1978 y 1984 ejerció como vicario inspectorial, rol que lo colocó en posiciones de liderazgo estratégico. Posteriormente, asumió el servicio de inspector en dos períodos distintos: primero entre 1984 y 1990, y nuevamente de 1996 a 2003. Una de sus responsabilidades más significativas fue la de director y maestro de novicios en Jarabacoa entre 2002 y 2013, período durante el cual formó a generaciones completas de salesianos que provenían de República Dominicana, Cuba, Puerto Rico y Haití, expandiendo así el carisma de Don Bosco por todo el Caribe.

Contribuciones Intelectuales y Espirituales

Más allá de sus funciones administrativas y formativas, el Padre Soto Cruz ejerció un papel fundamental en la comunicación y evangelización interna de la congregación. Fue responsable del Boletín Salesiano y del noticiero inspectorial, medios a través de los cuales transmitía el mensaje salesiano a toda la familia religiosa. Su vocación de predicador lo llevó a recorrer diversas naciones de América Latina, donde pronunció retiros espirituales que tocaron el corazón de laicos, religiosos y seminaristas.
Como autor, legó publicaciones de gran valor sobre la vocación salesiana, contribuyendo al enriquecimiento teológico y espiritual de su congregación. Reconociendo la importancia de formación integral, realizó estudios especializados en psicopedagogía y evaluación psicológica en Turín, Italia, entre 1973 y 1974, equipándose así de herramientas modernas para el acompañamiento de jóvenes en su discernimiento vocacional. Su membresía en diversas comisiones capitulares refleja la confianza que depositaban en él las autoridades salesianas para reflexionar sobre los rumbos de la congregación.

Reconocimientos y Honores

La trayectoria del Padre Ángel Rogelio fue objeto de múltiples reconocimientos que dignificaban su entrega desinteresada. Jarabacoa, la ciudad que lo acogió como formador y pastor espiritual, le confirió en dos ocasiones el título de Hijo Adoptivo, en 1994 y nuevamente en 2009, demostrando el profundo vínculo que lo ligaba con esa comunidad montañosa. En 2012, la Universidad Agroforestal Fernando Arturo de Meriño le otorgó el Doctorado Honoris Causa en Humanidades, reconocimiento académico que validaba su contribución al desarrollo humano y espiritual del pueblo dominicano.

Una Presencia que Perdura

A pesar de los años, el Padre Ángel Soto Cruz mantuvo con lucidez, serenidad y pasión pastoral su acompañamiento a jóvenes, religiosos y laicos. Su presencia continuó siendo un faro espiritual hasta sus últimos días, inspirando a quienes lo rodeaban con su testimonio de fe inquebrantable y su compromiso absoluto con las causas justas y la defensa de los necesitados. Su labor en favor de la educación de calidad, el activismo social y la evangelización dejó una huella indeleble en generaciones de dominicanos que pasaron por sus manos formadoras.
La Familia Salesiana eleva oraciones agradecidas por una vida consagrada íntegramente al Evangelio, al servicio de la juventud y a la realización del carisma de Don Bosco en tierras dominicanas. El legado humano y espiritual que el Padre Ángel Rogelio Soto Cruz dejó permanecerá vivo en quienes compartieron su misión, fueron acompañados por su palabra y su ejemplo, y continuarán sembrando la semilla de la fe salesiana en las nuevas generaciones. Su memoria no se desvanecerá, sino que seguirá inspirando a la comunidad religiosa y al pueblo dominicano en su búsqueda perpetua de justicia, educación y salvación a través de Cristo nuestro Señor.

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