En las montañas de Los Ríos, Bahoruco, donde la altura permite contemplar el lago Enriquillo, un bosque familiar se convirtió durante un cuarto de siglo en una promesa silenciosa de conservación. Genaro Díaz Rivas comenzó a sembrar pinos en 2001, cuando algunos vecinos le preguntaban por qué dedicaba tiempo y esfuerzo a árboles que no producían ingresos inmediatos. El 11 de septiembre de 2026, un incendio afectó la plantación y destruyó buena parte de un proyecto que su familia había cuidado durante 25 años.
Un bosque sembrado contra la prisa
La historia comenzó con una decisión que exigía paciencia. Genaro, entonces dedicado a sostener a su familia en una zona montañosa de Bahoruco, optó por plantar pinos con apoyo de un proyecto de cooperación internacional. Aunque contaba con un permiso de aprovechamiento, la familia decidió no convertir la plantación en madera comercial.
“Nosotros nunca cosechamos ni un solo árbol de pino de ahí”, relató su hija Marlennis Díaz en declaraciones recogidas por el reportaje de Diario Libre sobre el incendio en Bahoruco.
Con los años, lo que pudo haber sido una inversión forestal terminó adquiriendo otro significado. Los árboles dejaron de ser vistos como una futura cosecha y pasaron a representar un patrimonio familiar, un espacio de protección natural y una posibilidad de desarrollo vinculado al paisaje.
La familia soñaba con construir pequeñas cabañas para recibir visitantes. En una parte del terreno también sembró aproximadamente 2,500 plantas de café, con la intención de integrar la producción agrícola y la experiencia de quienes llegaran a conocer el bosque.
Para Genaro, de 67 años, la plantación era además un legado para sus siete hijos. Tres de ellos son menores de edad y todavía dependen de él, según el testimonio de Marlennis. Por eso, el incendio no solo afectó árboles: golpeó una iniciativa económica, una memoria familiar y un proyecto pensado para las próximas generaciones.
💡 ¿Sabías que? La familia mantuvo en pie la plantación durante 25 años, aun cuando contaba con autorización para aprovechar la madera, y transformó un proyecto productivo en una apuesta de conservación.
El fuego llegó a Pino Fresco
El incendio alcanzó la propiedad el viernes 11 de septiembre. Genaro recibió la noticia alrededor de la 1:00 de la tarde, mientras participaba en una reunión en Los Ríos. De acuerdo con la denuncia que presentó cuatro días después ante la Fiscalía de Bahoruco, un trabajador le avisó que las llamas habían llegado hasta su plantación.
La zona afectada se encuentra en Pino Fresco, a unos 1,340 metros sobre el nivel del mar, dentro del sistema montañoso de la Sierra de Neiba. El levantamiento de las autoridades ambientales reportó aproximadamente 100 tareas afectadas. El punto identificado en el mapa aportado para el reportaje se encuentra fuera de los límites del parque nacional que lleva el mismo nombre, una precisión importante para comprender que la protección de los bosques no depende únicamente de que estén dentro de un área protegida oficialmente.
Según la versión de la familia, Genaro había advertido previamente a Valerio Batista, a quien identifica como propietario del terreno donde se inició la quema. La denuncia también señala a Víctor Emilio Díaz. Marlennis sostuvo que trabajadores que laboraban para los dos denunciados realizaban una quema en una parcela vecina para preparar el suelo para la siembra de habichuelas.
La familia afirma que se habían abierto trochas cortafuegos, pero que durante la segunda jornada las llamas se salieron de control y avanzaron ladera arriba hasta alcanzar los pinos. Esas afirmaciones forman parte de la denuncia y de los testimonios familiares; no constituyen una determinación judicial de responsabilidad.
📊 Dato clave: Medio Ambiente documentó daños en aproximadamente 100 tareas de bosque en Pino Fresco, a 1,340 metros de altura, según la investigación publicada por Diario Libre sobre el incendio forestal.
La dimensión ecológica de la pérdida
El acta de inspección y el informe técnico elaborados por el Ministerio de Medio Ambiente registraron afectaciones en pinos, cedros, helechos y otras especies forestales nativas. La evaluación oficial calificó como altos los niveles de irreversibilidad y persistencia del daño, además de describir el ambiente como frágil.
Marlennis calcula que la plantación tenía más de 7,000 árboles y estima que alrededor del 80 % quedó completamente quemado. Sin embargo, el informe oficial disponible no incluye un conteo de árboles ni una evaluación definitiva sobre la supervivencia de los ejemplares que todavía conservaban follaje verde. Esa diferencia entre la percepción de la familia y la medición técnica pendiente debe mantenerse clara.
La pérdida también incluyó las plantas de café y una empalizada. Durante el recorrido posterior al incendio, Marlennis dijo haber encontrado ranas, lagartos y mariposas quemados. La escena revela que un incendio forestal no destruye únicamente la vegetación visible: también afecta refugios, fuentes de alimento y espacios de reproducción para distintas especies.
La Sierra de Neiba cumple un papel relevante dentro de los esfuerzos de restauración ecológica del país. El Ministerio de Medio Ambiente identifica su vertiente sur como una de las zonas piloto del proyecto Biodiversidad en Paisajes Productivos, que reporta miles de hectáreas destinadas a sistemas agroforestales y a la conservación del bosque. El proyecto oficial registra 9,592 hectáreas agroforestales mantenidas o incrementadas y 4,005 hectáreas de bosque mantenidas o incrementadas, de acuerdo con la información institucional disponible en el Ministerio de Medio Ambiente.
La experiencia de Los Ríos encaja en una realidad más amplia: en las montañas dominicanas, la conservación suele depender tanto de las áreas protegidas como del compromiso de familias, productores y comunidades que mantienen árboles en terrenos privados. Cuando uno de esos esfuerzos desaparece, la pérdida trasciende la propiedad y afecta la continuidad de los corredores forestales y de las iniciativas de restauración.
Una sierra con proyectos de restauración
La respuesta al deterioro ambiental de la Sierra de Neiba no se limita a una sola plantación. En la vertiente norte, un proyecto de restauración ecológica desarrollado en coordinación con el Ministerio de Medio Ambiente, EGEHID y el programa REDD+Landscape de la GIZ reportó la restauración de 1,348 hectáreas en la microcuenca Los Baos, en Río Arriba del Sur, municipio de Vallejuelo.
Ese proceso combinó regeneración natural asistida, reservorios de agua, sistemas de riego y medios de vida para las comunidades. Según un reportaje de Listín Diario sobre restauración ecológica en República Dominicana, la intervención también contribuyó a reducir prácticas de tumba y quema y la ganadería de montaña.
En Bahoruco, la Unidad Técnica Ejecutora de Proyectos de Desarrollo Agroforestal de la Presidencia ha promovido jornadas de siembra en comunidades de la Sierra de Neiba. Una de esas actividades contempló la plantación de 10,000 árboles forestales en Rancho Viejo bajo el lema “Por la Tierra: Protegerla, es Proteger tu Vida”, según la información publicada por UTEPDA sobre reforestación en la Sierra de Neiba.
Estos proyectos muestran que la restauración forestal puede combinar conservación, producción agrícola y oportunidades económicas. El sueño de Genaro y sus hijos —un bosque visitable, acompañado de café y pequeñas cabañas— seguía precisamente esa lógica: proteger el paisaje sin separar la naturaleza de la vida de la comunidad.
La búsqueda de responsabilidades
El Ministerio de Medio Ambiente levantó un acta de inspección el mismo día del incendio. Víctor Emilio Díaz firmó el documento en el espacio correspondiente al “Responsable del Daño Ambiental”, pero el acta no contiene una declaración en la que admita haber provocado el fuego.
La Dirección Provincial de Medio Ambiente solicitó el sometimiento de Víctor Emilio Díaz mediante una comunicación dirigida al procurador fiscal para la Defensa del Medio Ambiente, Rafael Vargas Méndez. La solicitud invoca la Ley 64-00 sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales.
La denuncia presentada el 15 de septiembre identifica a Víctor Emilio Díaz y Valerio Batista como las personas señaladas y registra “Incendio” como calificación jurídica preliminar. Hasta el momento de los testimonios recogidos para el reportaje, la familia indicó que no tenía noticias de detenciones y que había contratado representación legal.
La legislación dominicana contempla distintas vías de respuesta ante los daños ambientales. La Ley 64-00 establece obligaciones de protección y manejo sostenible de los bosques y permite la aplicación de sanciones, medidas administrativas y reparación del daño cuando se infringen sus disposiciones.
Además, el artículo 265 del nuevo Código Penal contempla penas de 20 a 30 años de prisión para quien provoque voluntariamente un incendio en bosques, reservas forestales, nacimientos de ríos, parques nacionales u otras áreas protegidas. La aplicación de esa norma dependerá de que las autoridades acrediten los hechos, la intención y los demás elementos del delito; estar fuera de un parque nacional no elimina por sí solo la relevancia ambiental del lugar, pero tampoco determina automáticamente la responsabilidad penal.
La familia pide que el expediente avance y que se establezca un régimen de consecuencias. Genaro no está reclamando únicamente por la pérdida material de la plantación. Está defendiendo el valor de una decisión que durante 25 años pareció ir contra la lógica de la ganancia inmediata: sembrar árboles, conservarlos y esperar que algún día fueran útiles para sus hijos y para quienes visitaran la montaña.
Un legado que merece continuar
La historia de este bosque recuerda que la identidad ambiental dominicana también se construye lejos de los grandes parques nacionales y de las campañas oficiales. Se construye en fincas familiares, en jornadas de siembra, en trochas abiertas para contener incendios y en personas que deciden mantener un árbol en pie aun cuando podrían venderlo.
Genaro sembró pinos cuando otros le recomendaban habichuelas. Su familia mantuvo la plantación, incorporó café y proyectó recibir visitantes. El incendio cambió el paisaje y dejó una pregunta pendiente para la justicia: quién debe responder por un daño que la familia considera irreparable y que las autoridades calificaron como persistente y altamente irreversible.
Mientras se determina la responsabilidad legal, la historia de Los Ríos conserva una enseñanza esencial: proteger los bosques dominicanos no es una tarea abstracta. Tiene nombres, familias, sacrificios y años de trabajo. También tiene futuro, si la sociedad reconoce el valor de quienes siembran hoy lo que otras generaciones necesitarán mañana.
¿Podrá el bosque de Genaro volver a levantarse algún día como memoria viva de los 25 años que su familia decidió protegerlo?
Referencias
Incendio en Bahoruco destruyó 25 años de un bosque – Diario Libre
Biodiversidad en paisajes productivos – Ministerio de Medio Ambiente
Restauración ecológica y reforestación en República Dominicana – Listín Diario
Jornada de reforestación en la Sierra de Neiba – UTEPDA
Ley 64-00 sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales – Ministerio de Medio Ambiente
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