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El Poder Blando de República Dominicana: Turismo y Cultura como Herramientas Estratégicas

Descubre cómo República Dominicana utiliza su poder blando a través del turismo y la cultura para consolidarse como líder en el Caribe y un actor regional estratégico. El poder blando dominicano: turismo, hospitalidad y cultura como herramientas de influencia global.

El Poder Blando de República Dominicana: Turismo y Cultura como Herramientas Estratégicas

En un mundo donde la influencia ya no se mide solo por ejércitos ni mercados, República Dominicana consolida su soft power como una fuerza transformadora. Este concepto, acuñado por Joseph Nye, se traduce en la capacidad de seducir sin imponer, conquistar sin invasiones y convencer sin coerción. La raíz de esta potencia reside en su turismo vibrante y su cultura auténtica, pilares que proyectan al país como modelo regional y referente global.

Un motor económico y un capital simbólico

El sector turístico dominicano representa entre el 15.8 % y el 19 % del PIB, con proyecciones de aportar veintiún mil millones de dólares para el año siguiente según perspectivas de la industria turística dominicana. Estas cifras no solo reflejan crecimiento, sino una red compleja de empleos, inversiones y oportunidades. Con más de once millones de visitantes en 2024, el país no solo genera divisas —más de once mil millones en ingresos—, sino que teje una narrativa única: cada llegada es un intercambio emocional, un puente entre comunidades y un sello de identidad, tal como detalla la reflexión sobre el turismo como soft power en República Dominicana.

"El turismo no solo entretiene, sino que toca fibras humanas fundamentales", afirma Nelson Espinal Baez, destacando que la hospitalidad no es un cliché, sino resiliencia y calidez, combinadas con la riqueza natural y el ritmo vital del merengue.

Cultura: el alma de un pueblo en proyección global

Abarcar desde la cumbia y la bachata hasta la cocina criolla y los sitios patrimoniales, la cultura dominicana emerge como arteria estratégica. Miguel Ángel Salcedo, ministro de Cultura, destaca que ha de "impulsar patrimonios, formar artistas y descentralizar el acceso al arte", reflejando el objetivo de potenciar la cultura nacional. Iniciativas como Dominicana Creativa —que rescata las industrias culturales— evidencian un esfuerzo por diversificar economía y proyectar identidad, tal y como describe la economía naranja dominicana como poderoso factor de impulso nacional.

Aportes del turismo Impacto directo Impacto indirecto
Generación de empleo Diecisiete punto nueve por ciento de la fuerza laboral nacional (ochocientos noventa y tres mil trabajadores proyectados para 2025) según el análisis de aportes al empleo Actividades fuera de hoteles (cuarenta y uno por ciento del impacto: excursiones, transporte, gastronomía) según la contribución más allá de hoteles en la economía
Inversiones Veintidós por ciento del impacto económico y seis por ciento canalizado mediante el sistema bancario, según cifras del apoyo del sector financiero al turismo Cadenas de suministros y emprendimientos locales
Gasto turístico Once mil cuatrocientos millones en visitantes internacionales y cuatro mil cien millones en turismo local proyectados para 2025, según proyección de gasto turístico Demanda local y circulación de capital

Hacia un futuro estratégico: Turismo como política de Estado

La propuesta de Espinal Baez va más allá del tradicional marqueting. "Deberíamos usar nuestro soft power para redefinir la voz regional en temas críticos: cambio climático, migración, cooperación caribeña", plantea en su análisis del turismo como herramienta estratégica. Esta visión se alinea con metas globales sobre sostenibilidad, aprovechando la aceptación del dominicano como referente en balnearios verdes y en iniciativas comunitarias.

Además, el ministerio busca capitalizar la diáspora (dos millones ochocientos mil dominicanos en el exterior), creando alianzas internacionales que potencien imagen y economía, una meta que resalta en la estrategia de cultura nacional. Desarrollar la educación artística en zonas no turísticas, como Santiago o el interior, permite equilibrar el crecimiento y empoderar a futuras generaciones.

Financieros y emprendedores, artistas y científicos —todos comparten una responsabilidad: transformar turismo y cultura en herramientas geopolíticas. El futuro no es un destino, sino un movimiento colectivo que, como dice Espinal, "sintetiza identidad y proyección global".

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Turistas disfrutando de las playas dominicanas

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