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Impacto del uso prolongado de pantallas en la atención infantil: lecciones internacionales para República Dominicana

Descubre cómo el uso prolongado de pantallas afecta la atención infantil y qué políticas internacionales pueden inspirar acciones en República Dominicana.

En los barrios y escuelas de República Dominicana hoy es normal ver a niños de ocho, diez años con un celular en la mano, desplazándose por TikTok o YouTube con una destreza que asombra; lo que todavía no termina de asimilar la sociedad dominicana es el costo que esta “destreza digital” puede tener para el cerebro en desarrollo. A diferencia de la vieja televisión, los teléfonos inteligentes y las redes sociales han sido diseñados para capturar la atención infantil segundo a segundo, y ya hay evidencia científica contundente de que ese bombardeo constante está dejando huellas medibles en la arquitectura cerebral y en la capacidad de concentración de los niños.

Lo que dicen las neurociencias: el cerebro infantil frente a las pantallas

En la última década se ha acumulado un cuerpo de investigación internacional que vincula el uso prolongado y pasivo de pantallas con problemas de atención, lenguaje y funciones ejecutivas en la infancia, incluso cuando se controla por otros factores como nivel socioeconómico o antecedentes médicos. Una revisión reciente en contexto iberoamericano subraya que el uso excesivo de pantallas es un factor de riesgo para el neurodesarrollo, sobre todo cuando sustituye el juego, la interacción familiar y la estimulación verbal temprana, y concluye que los retrasos en lenguaje, atención y funciones ejecutivas son más frecuentes en niños expuestos muchas horas al día a dispositivos digitales según la revista científica chilena Cym.

Diversas asociaciones pediátricas coinciden en que la etapa de 0 a 5 años es la más vulnerable. La Asociación Americana de Pediatría recomienda evitar pantallas casi por completo antes de los 18 meses y limitar a una hora diaria de contenido educativo y acompañado entre los 2 y los 5 años, mientras que la Organización Mundial de la Salud sugiere un máximo de una hora diaria entre los 2 y 4 años y de dos horas entre los 5 y 17 años para todos los tipos de pantalla, precisamente para proteger la atención sostenida, el sueño y el juego físico, según resume la Universidad Nebrija.

📊 Recomendación clave global: la OMS recomienda limitar el tiempo de pantalla a una hora diaria en niños de 2 a 4 años y a dos horas en menores de 5 a 17 años, por el impacto en sueño, atención y actividad física, de acuerdo a la síntesis divulgada por la Universidad Nebrija.

Los estudios clínicos y neurológicos tienden a coincidir en varios efectos principales del uso excesivo de pantallas en la niñez:

  • Dificultades de atención y concentración, con niños que muestran más problemas para mantener la mirada y el pensamiento en una sola tarea.
  • Retrasos en el lenguaje y en la comprensión verbal, especialmente cuando las pantallas sustituyen la conversación cara a cara y la lectura compartida en el hogar.
  • Alteración del sueño: la exposición a luz azul y estimulación intensa en la noche retrasa la conciliación del sueño, lo cual a su vez deteriora la atención diurna y la memoria.
  • Problemas en funciones ejecutivas, como la planificación, el control de impulsos y la capacidad de esperar recompensas, claves para el rendimiento escolar y la regulación emocional, según expone un análisis especializado sobre desarrollo infantil y pantallas de la organización Aspace.

En América Latina, donde la exposición a pantallas suele ser mayor y con menos acompañamiento adulto, las revisiones de evidencia señalan que estos efectos se agravan cuando la tecnología se introduce muy temprano, sin reglas claras y en hogares donde la televisión o el móvil están encendidos prácticamente todo el día, según destaca un artículo de revisión sobre el neurodesarrollo infantil publicado en Cym.

De la atención dispersa al cambio estructural: el vínculo con TDAH

Una preocupación particular para neurólogos y psiquiatras infantiles es la relación entre tiempo de pantalla y síntomas de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Los estudios recogidos en el texto de referencia aportado por el usuario –que sintetiza trabajos publicados entre 2023 y 2025 en revistas especializadas– describen varios hallazgos:

  • Investigaciones clínicas en Turquía con niños ya diagnosticados con TDAH encontraron que el tiempo de pantalla se correlaciona con mayor severidad de síntomas medidos con escalas estandarizadas como Conners, lo que sugiere que la sobreexposición digital agrava un cuadro ya existente.
  • Un estudio en Arabia Saudita documentó que niños que usaban pantallas más de cinco horas diarias presentaban puntuaciones significativamente más altas en la escala SNAP-IV, que mide inatención e hiperactividad, lo que coincide con informes neurológicos que advierten que la multitarea digital y el consumo continuo de videos cortos entrenan al cerebro para cambiar de estímulo cada pocos segundos, una dinámica incompatible con la lectura y el aprendizaje profundo.

Más allá del comportamiento observable, varios grupos de investigación han empezado a observar cambios estructurales en el cerebro infantil asociados al uso intensivo de pantallas, especialmente en áreas vinculadas con la atención y el procesamiento de recompensa. Revisiones europeas recientes mencionadas por la Asociación Española de Pediatría de Psiquiatría de la Niñez y la Adolescencia resumen que el uso excesivo de medios digitales puede afectar el funcionamiento cerebral y el desarrollo cognitivo, deteriorando la atención, la memoria y la regulación de impulsos, y alterando circuitos de recompensa que se solapan con los implicados en la adicción, según un documento técnico de recomendaciones sobre nuevas tecnologías en la infancia publicado por dicha asociación.

Aunque la discusión científica sigue abierta sobre qué viene primero –si la vulnerabilidad genética al TDAH lleva al niño a refugiarse en pantallas, o si la sobreexposición digital puede disparar síntomas en niños sin predisposición–, los estudios prospectivos más recientes tienden a mostrar que el uso intensivo de teléfonos y redes sociales precede y no solo acompaña la aparición de problemas de inatención. Es decir, el hábito puede contribuir a sembrar el problema en cerebros que de otro modo se hubieran desarrollado sin esos obstáculos.

Diseños pensados para enganchar: el casino en el bolsillo del niño

Para entender por qué las pantallas afectan tanto la atención infantil, no basta mirar al dispositivo; hay que mirar al diseño de las plataformas. Redes sociales como TikTok, Instagram o videojuegos en línea no fueron creados por educadores sino por equipos de ingeniería conductual que aplican principios de recompensa variable: scroll infinito, notificaciones impredecibles, conteo visible de “likes” y comentarios.

Ese modelo de recompensa intermitente es el mismo que se usa en las máquinas de casino, donde la incertidumbre sobre cuándo llegará la próxima recompensa mantiene a la persona enganchada. En el caso del niño, la corteza prefrontal –la región del cerebro responsable del autocontrol, la planificación y la atención sostenida– todavía está en desarrollo durante toda la infancia y la adolescencia; por eso, los expertos en neuropsicología advierten que un sistema de recompensas tan intenso y constante puede entrenar al cerebro infantil a buscar estímulos rápidos, dificultando luego el esfuerzo mental que exige la lectura o la resolución de problemas, tal como explica la neuróloga infantil Miriam Jiménez en una cápsula informativa de la UNAM difundida por televisión pública mexicana.

Cuando esa lógica de diseño se combina con acceso casi ilimitado en casa, en la calle y a veces incluso en el aula, el resultado es una generación de niños cuya experiencia cotidiana de atención se parece más a una secuencia interminable de clips cortos que a la concentración prolongada que requiere el aprendizaje escolar. Para República Dominicana, donde el sistema educativo ya lucha con rezagos en lectura comprensiva y matemática, esto añade una capa de dificultad que no puede seguir siendo ignorada.

Lo que están haciendo otros países: regulaciones y “pausas digitales”

Mientras en muchos sistemas escolares se sigue discutiendo si el celular en el aula es un recurso o un problema, varios países han pasado de la discusión a la regulación concreta, combinando medidas en escuelas con límites de edad para redes sociales y guías de salud digital.

Australia: edad mínima para redes sociales

Australia se ha situado entre los países más agresivos en regular el acceso de menores a redes sociales. El comisionado de seguridad electrónica (eSafety Commissioner) impulsó un régimen de restricciones por edad que obliga a plataformas como Facebook, Instagram, TikTok y YouTube a verificar de forma razonable que los usuarios tienen al menos 14 o 16 años según la categoría de servicio, bajo amenaza de multas millonarias en caso de incumplimiento, de acuerdo al propio portal del comisionado eSafety. El objetivo explícito es reducir la exposición temprana a contenidos y dinámicas de recompensa que se han vinculado con problemas de salud mental y adicción digital en adolescentes.

Francia y Países Bajos: sacar el móvil del salón de clases

En Europa, Francia fue pionera al prohibir por ley el uso de móviles durante el horario escolar en primaria y secundaria desde 2018, justamente por el impacto en la concentración y el ambiente educativo. Medios franceses recuerdan que la norma francesa se aprobó citando “un grave problema” de distracción y convivencia, según reportó la cadena SER al analizar cómo gestionan otros países europeos el uso del móvil en los colegios.

Países Bajos, por su parte, introdujo en 2024 una prohibición nacional de celulares, tabletas y relojes inteligentes en escuelas de educación básica y media, y los primeros datos divulgados por el gobierno tras un año muestran mejoras percibidas por los propios estudiantes en concentración, clima social y rendimiento académico, según detallan informes reseñados por la BBC.

💡 ¿Sabías que? Según la UNESCO, al menos 79 países ya han implementado prohibiciones o restricciones al uso de celulares en las aulas, reflejando un consenso creciente de que el teléfono inteligente dentro del salón es más una fuente de distracción que una herramienta pedagógica eficaz, tal como difundió la oficina de UNESCO en una nota pública.

Finlandia, Italia, Corea del Sur y otros

Finlandia aprobó una ley nacional prohibiendo el uso de celulares y otros dispositivos digitales durante las lecciones en los grados 1 al 9, como parte de una política de “vuelta a lo básico” que prioriza libros físicos y métodos tradicionales para fortalecer la lectura comprensiva y la atención; en paralelo, su Instituto de Salud y Bienestar emitió guías que desaconsejan el uso de teléfonos inteligentes antes de los 13 años, siguiendo la línea de recomendaciones de salud digital difundidas por organismos como la UNESCO. Italia mantiene también una de las prohibiciones escolares más estrictas en Europa, y Corea del Sur aprobó una ley para vetar el uso de dispositivos inteligentes durante el horario de clases, aludiendo directamente a la preocupación por la adicción y el deterioro de la atención, según sintetiza un informe comparativo sobre países que han restringido el celular en las escuelas publicado por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.

El patrón internacional que emerge de estas experiencias se puede resumir en cuatro pilares:

  • Celulares fuera del aula, salvo excepciones justificadas.
  • Edad mínima real y verificable para redes sociales, con responsabilidad en las plataformas.
  • Guías de salud digital desde ministerios de salud y educación para orientar a las familias.
  • Educación en ciudadanía digital y alternativas de ocio offline, porque la mayoría del uso problemático ocurre fuera de la escuela, como insiste la UNESCO en su informe de 2023 sobre el papel de la tecnología en la educación.

¿Y República Dominicana? Una brecha entre realidad y política pública

En República Dominicana, el avance de la conectividad móvil y de las redes sociales ha sido vertiginoso, pero la conversación sobre sus efectos neurológicos en la infancia va detrás. La Encuesta Nacional de Hogares con Propósitos Múltiples (ENHOGAR) ha mostrado en ediciones recientes un aumento sostenido en el acceso a internet en los hogares y el uso de teléfonos móviles entre adolescentes, aunque los datos específicos sobre tiempo de pantalla en niños todavía son escasos y dispersos. A nivel regional, estudios sobre uso de pantallas en América Latina advierten que los niños de la región pasan más tiempo frente a pantallas y con menor supervisión adulta que sus pares en países europeos, lo que se asocia a mayores retrasos en lenguaje y atención, según sintetiza la revisión publicada en la revista Cym.

Especialistas en neurodesarrollo y psiquiatría infantil consultados en medios dominicanos han empezado a alertar sobre el impacto de esta realidad en el rendimiento escolar y la salud mental de los menores, pero aún no existe una política nacional coherente sobre celulares en escuelas ni sobre edad mínima de acceso a redes sociales. La regulación se deja muchas veces a cada centro educativo, generando un mosaico de reglas contradictorias: escuelas que permiten el móvil libremente, otras que lo prohíben en papel pero las familias lo ven como “derecho”, y otras que carecen de capacidad para hacer cumplir cualquier norma.

Lo que sí existe es una oportunidad. Las experiencias de países como Francia, Finlandia, Australia y Corea del Sur muestran que se pueden diseñar políticas de bajo costo y alto impacto que protejan la atención y el neurodesarrollo infantil sin renunciar a los beneficios legítimos de la tecnología cuando se usa con criterio pedagógico.

Lecciones internacionales que pueden adaptarse al contexto dominicano

Tomando como base la evidencia científica y las políticas comparadas, República Dominicana podría construir un enfoque propio con orgullo y visión de futuro, ajustado a nuestra realidad educativa y cultural. Algunas líneas de acción inspiradas en las experiencias internacionales serían:

  • Regla clara de “celular fuera del aula” en todo el sistema público y concertado, con excepciones específicas para necesidades educativas especiales o programas puntuales supervisados. Esta medida responde directamente al consenso de organismos como la UNESCO de que el teléfono en clase es un distractor neto, y se alinea con lo que ya hacen al menos 79 países según la propia UNESCO.
  • Guías nacionales de salud digital infantil, elaboradas conjuntamente por los ministerios de Salud y Educación, que indiquen límites de tiempo de pantalla por edad, recomendaciones de contenido y pautas para evitar uso nocturno, siguiendo modelos como los de la Asociación Americana de Pediatría, la OMS y las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría de Psiquiatría de la Niñez y Adolescencia.
  • Campañas de alfabetización digital dirigidas a padres, maestros y niños, que expliquen de manera sencilla cómo funciona la economía de la atención en redes sociales, por qué un niño no compite en igualdad de condiciones con un algoritmo diseñado para engancharlo, y qué prácticas concretas pueden proteger su concentración (por ejemplo, horarios sin pantallas en casa, juego libre y lectura compartida).
  • Fortalecimiento de espacios de juego físico y cultura en barrios y escuelas, para que las alternativas al ocio digital existan realmente: canchas, bibliotecas escolares activas, clubes de ciencia, música y deporte. No se trata solo de prohibir sino de ofrecer otras experiencias que compitan de manera saludable con la pantalla.

Para que estas medidas funcionen, se requiere algo más que circulares administrativas: hace falta una narrativa compartida donde proteger el cerebro y la atención de los niños dominicanos se vea como un acto de patriotismo cotidiano, al nivel de vacunarlos o enseñarles a leer. La infancia dominicana es un recurso estratégico del país; cada niño cuya atención se pierde en un mar de notificaciones es un talento que se nos escapa.

Las pantallas seguirán siendo parte de nuestra vida y de la vida de nuestros hijos. La cuestión, para República Dominicana, no es si vamos a vivir con tecnología, sino cómo vamos a vivir con ella sin entregar a algoritmos comerciales la etapa más delicada del neurodesarrollo infantil. Mirar lo que ya están haciendo otros países, y adaptar inteligentemente esas lecciones, puede ser un paso decisivo para que la generación que hoy entra a primero de básica tenga la oportunidad de crecer con un cerebro entrenado para concentrarse, aprender y construir el futuro del país, y no solo para hacer scroll.


Referencias

Impacto del uso de pantallas en el neurodesarrollo infantil – Revista Cym
[Cómo gestionan otros países europeos el uso del móvil en los colegios – Cadena SER](https://cadenaser.com/nacional/2024/01/25/como-gestionan-otros-paises

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