En Santiago, el Arroyo Gurabo dejó de ser únicamente un cauce urbano asociado a descargas residuales y vulnerabilidad social. Su saneamiento se ha convertido en una de las intervenciones ambientales y comunitarias más importantes del país, con una meta que trasciende la recuperación de un espacio: reducir la contaminación que llega al río Yaque del Norte, mejorar las condiciones de vida de numerosas familias y demostrar que la gestión del agua puede transformar una ciudad.
Una obra para recuperar el Yaque del Norte
El proyecto de saneamiento del Arroyo Gurabo nació como respuesta a un problema ambiental acumulado durante años. La descarga de aguas residuales, la ocupación de las riberas y la acumulación de desechos habían convertido distintos puntos del arroyo en focos de contaminación. Según el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA), la primera etapa comprendió aproximadamente 5.2 kilómetros, desde el puente de la avenida Salvador Estrella Sadhalá hasta la desembocadura en el río Yaque del Norte.
La relevancia de la intervención se explica por la conexión directa entre ambos cuerpos de agua. El Arroyo Gurabo desemboca en el Yaque del Norte, uno de los principales ríos del país y una fuente esencial para actividades productivas, abastecimiento y vida comunitaria en la región del Cibao. Por esa razón, sanear el arroyo no representa una acción aislada: significa actuar sobre una de las rutas por las que las aguas residuales alcanzan el sistema hídrico de Santiago.
📊 Impacto ambiental declarado: el proyecto fue diseñado para eliminar aproximadamente el 43 % de la contaminación que llegaba al río Yaque del Norte desde esta zona, de acuerdo con INAPA.
La obra contempla canalización de aguas, construcción de registros colectores, instalación de tuberías para recoger aguas residuales, encache de cañadas, colocación de alcantarillas y ampliación de redes colectoras en sectores próximos a la ribera. El objetivo es separar y conducir las aguas residuales hacia el sistema de tratamiento, en lugar de permitir que continúen descargándose directamente en el arroyo.
Tres etapas y una expansión hasta el kilómetro 7
El saneamiento fue concebido como un proceso progresivo. La primera etapa concentró los trabajos en el tramo principal del arroyo y estuvo acompañada por obras de infraestructura urbana y recuperación del entorno. La segunda etapa amplió la intervención y permitió avanzar en la canalización y en la incorporación de comunidades que durante años convivieron con problemas de contaminación y riesgo.
La tercera etapa constituye el siguiente salto del proyecto. Erickson Peralta, subdirector de INAPA para Santiago y las provincias de la Línea Noroeste, informó que los trabajos serían extendidos hasta el kilómetro 7 de Gurabo. La ampliación requeriría una nueva licitación y elevaría la inversión inicialmente calculada en alrededor de RD$1,800 millones hasta aproximadamente RD$3,000 millones, debido a la incorporación de nuevas obras y a la reubicación de familias que no estaban incluidas en el diseño original.
En esta fase, las aguas residuales de unas 19 comunidades serían recogidas mediante tuberías y conducidas al colector de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago (CORAASAN), para luego ser tratadas en la planta de Rafey. El planteamiento refleja una lógica fundamental del saneamiento moderno: no basta con canalizar un cauce; es necesario recoger, transportar y tratar las aguas antes de devolverlas al ambiente.
INAPA identifica cuatro componentes centrales en el proyecto: el manejo adecuado de las aguas lluvias y residuales, la provisión de agua potable a comunidades que carecían de un servicio regular, el manejo de los desechos sólidos y la recuperación física y social del entorno. Esta combinación explica por qué la intervención tiene una dimensión ambiental, sanitaria y urbana al mismo tiempo.
De foco de contaminación a espacio comunitario
El proyecto no se limita a tuberías y canales. En las áreas recuperadas se han previsto espacios para la convivencia y la actividad física, entre ellos canchas de baloncesto, voleibol y fútbol, un play de sóftbol, pistas y otras zonas de esparcimiento para las familias.
La integración de estas instalaciones es importante porque convierte una obra sanitaria en un proyecto de ciudad. Allí donde antes predominaban aguas contaminadas, residuos o terrenos deteriorados, la planificación busca crear espacios que puedan ser utilizados por niños, jóvenes y adultos. La infraestructura deportiva también ofrece una alternativa concreta para que las comunidades se apropien del área recuperada y participen en su preservación.
La recuperación ambiental y la transformación urbana deben avanzar juntas. Si un cauce es limpiado, pero el entorno permanece abandonado, aumenta el riesgo de que vuelvan las descargas y los vertederos improvisados. En cambio, un espacio iluminado, utilizado y cuidado por sus residentes tiene mayores posibilidades de conservar los resultados de la inversión pública.
La primera etapa del proyecto fue presentada por la Presidencia como una obra con impacto sobre unas 900,000 personas y con beneficios sociales para miles de familias asentadas en condiciones de vulnerabilidad. La cifra describe el alcance urbano y regional de la intervención, aunque el número exacto de beneficiarios puede variar según se contabilicen los residentes directos, las comunidades conectadas al sistema y la población que recibe beneficios ambientales indirectos.
El reto pendiente del río Quinigua
El saneamiento del Arroyo Gurabo constituye un avance relevante, pero no resuelve por sí solo toda la contaminación que afecta al Yaque del Norte. Durante la entrevista en el programa El Café de Diario 55, Peralta señaló al río Quinigua como uno de los puntos que todavía requieren intervención, debido a las descargas de aguas residuales provenientes de viviendas.
La observación plantea una verdad esencial sobre la gestión hídrica: los ríos no pueden recuperarse mediante proyectos aislados. El Yaque del Norte recibe aportes de múltiples afluentes, cañadas y sistemas urbanos. Por eso, la reducción de la contaminación debe continuar en distintos puntos de la cuenca, con redes de alcantarillado, plantas de tratamiento, control de descargas y mantenimiento permanente.
El avance en Gurabo puede servir como modelo para esa tarea más amplia. La experiencia demuestra que la recuperación de un afluente requiere coordinación institucional, inversión sostenida y una visión que incluya tanto la infraestructura como a las comunidades que viven junto al agua.
Más agua potable y más infraestructura sanitaria
El saneamiento está vinculado directamente con el acceso al agua potable. Según las declaraciones de Peralta, durante la actual gestión más de dos millones de dominicanos han recibido acceso o mejoras en el suministro de agua. El funcionario relacionó ese resultado con la construcción de alrededor de 40 acueductos y la instalación de más de 3,000 kilómetros de tuberías en distintos puntos del país.
💡 ¿Sabías que? El proyecto de Arroyo Gurabo también contempla llevar agua potable a unas 19 comunidades que no contaban con el servicio, además de recoger sus aguas residuales.
La expansión del acceso no elimina todos los desafíos. El propio funcionario reconoció que todavía existen comunidades con deficiencias en el servicio. La continuidad del suministro depende de nuevas redes, capacidad de producción, mantenimiento de los sistemas y vigilancia de la calidad del agua.
En Santiago y la Línea Noroeste también se ejecutan obras como el alcantarillado sanitario de Licey, que contempla cerca de 51 kilómetros de redes. De acuerdo con la información ofrecida por INAPA, aproximadamente 45 kilómetros ya habían sido colocados y la planta de tratamiento se encontraba prácticamente terminada al momento de las declaraciones.
La calidad no termina en la planta
El agua tratada en las plantas debe cumplir condiciones adecuadas para el consumo humano antes de entrar a las redes de distribución. Sin embargo, su calidad puede deteriorarse después si los depósitos domésticos no reciben limpieza y mantenimiento.
Cisternas, tinacos y otros recipientes pueden acumular sedimentos o contaminarse cuando permanecen abiertos, se limpian con poca frecuencia o no cuentan con condiciones higiénicas. La responsabilidad, por tanto, se distribuye entre las instituciones encargadas de producir y distribuir el agua y los usuarios que almacenan el líquido en sus hogares.
Esta relación entre servicio público y cuidado doméstico es especialmente importante en lugares donde el suministro no llega de forma continua. El saneamiento integral exige que el agua sea segura desde la planta hasta el punto de consumo.
Un programa de gran escala para el este turístico
La estrategia nacional de saneamiento también incluye un ambicioso programa para la zona turística y costera del este. La iniciativa abarcaría comunidades como Boca Chica, San Andrés, La Caleta, San Pedro de Macorís, La Romana, Higüey y Verón-Punta Cana.
Según la información divulgada por INAPA y recogida por Diario Libre, el programa contempla una inversión aproximada de US$1,000 millones, unos 200 kilómetros de tuberías para aguas residuales y un impacto estimado en más de un millón de personas.
La dimensión del proyecto revela que el saneamiento es también una prioridad para la protección de las costas, la salud pública y la sostenibilidad del turismo. En una zona donde convergen comunidades residentes, visitantes, hoteles, comercios y ecosistemas costeros, la gestión de las aguas residuales resulta indispensable para preservar la calidad ambiental y la actividad económica.
La coordinación entre INAPA y CORAASAN
La operación de los servicios requiere definir con claridad qué institución atiende cada territorio. INAPA y CORAASAN trabajan en jurisdicciones distintas dentro de la provincia de Santiago, y en los últimos años se ha desarrollado un proceso de transferencia de acueductos y responsabilidades.
CORAASAN informó que recibió de INAPA los acueductos correspondientes a los municipios de Navarrete, Sabana Iglesia, Baitoa y Jánico, así como los distritos municipales de La Canela, Hato del Yaque y Pedro García. La transferencia se vinculó con el marco legal que asigna a CORAASAN responsabilidades sobre los servicios de agua potable y alcantarillado en la provincia.
La coordinación entre ambas entidades es esencial para evitar duplicidades, ordenar la operación y garantizar que las obras construidas reciban mantenimiento. En el caso del Arroyo Gurabo, la conexión con los colectores y la planta de tratamiento de Rafey muestra que el saneamiento depende de una cadena institucional: una entidad ejecuta o coordina la obra, otra opera redes y colectores, y las comunidades deben contribuir al cuidado del entorno.
El saneamiento del Arroyo Gurabo representa una inversión en agua, salud, infraestructura, deporte y dignidad comunitaria. Su valor no depende únicamente de una fecha de inauguración ni de una etapa administrativa: se mide en la reducción de descargas, la recuperación de espacios, la protección del Yaque del Norte y la capacidad de mantener los resultados con el paso del tiempo. Para Santiago y para la República Dominicana, cuidar el agua es una tarea permanente y también una razón legítima de orgullo nacional.
¿Cómo cambiará la vida de las comunidades de Gurabo cuando el arroyo saneado, sus parques y sus instalaciones deportivas formen parte de la rutina diaria?
Referencias
INAPA: Sobre el saneamiento del Arroyo Gurabo
Presidencia de la República: inauguración de la segunda etapa del saneamiento
CORAASAN: traspaso de acueductos desde INAPA
Diario Libre: programa de saneamiento para el este
INAPA: inicio de los trabajos del saneamiento
__
LTDMA es un portal dominicano y archivo histórico vivo donde recopilamos contenido evergreen que documenta todo lo que define a Quisqueya: su historia, cultura, música, progreso, belleza, logros y triunfos — y también todos los retos que forjan su carácter. Sin agenda política. Solo el propósito de preservar, para las generaciones presentes y futuras, el mejor registro de su hermosa identidad.
























































