Los ecosistemas de la República Dominicana no son un telón de fondo de nuestra economía: son parte de su motor silencioso. La Evaluación Nacional de los Ecosistemas de la República Dominicana (NEA-RD) muestra, con datos concretos, que la naturaleza sostiene una porción significativa del PIB, de la energía, del turismo y de la agricultura dominicana, además de fortalecer la resiliencia del país frente al cambio climático y las presiones económicas.
Una evaluación que pone precio a lo que antes se daba por sentado
La NEA-RD fue presentada como un ejercicio científico y de política pública para actualizar, integrar y valorar el estado de los ecosistemas nacionales, con participación de más de 600 personas entre autores, comunidades, portadores de conocimiento local, técnicos y colaboradores de distintos sectores. El proceso comenzó en 2021 y siguió un enfoque multidisciplinario que integró saber local, técnico y científico, apoyándose en el marco conceptual de IPBES y en acompañamiento de UNEP-WCMC, UNESCO y otras entidades internacionales.
Ese enfoque importa porque la República Dominicana suele hablar de crecimiento económico en términos de carreteras, hoteles o centrales eléctricas, pero rara vez en términos de manglares, arrecifes, bosques de montaña o humedales. La NEA-RD cambia esa mirada: coloca a los ecosistemas como una infraestructura natural que sostiene el bienestar y reduce riesgos.
📊 Dato clave: los ecosistemas dominicanos aportan entre 4.2% y 7.6% del PIB nacional según la NEA-RD.
El peso real de la naturaleza en la economía dominicana
La evaluación concluye que los ecosistemas del país contribuyen entre 4.2% y 7.6% del PIB a través de los servicios que brindan a sectores productivos y al bienestar de la población. Esa cifra no es simbólica: equivale a reconocer que una parte relevante de la actividad económica depende directamente de servicios que presta la naturaleza, muchas veces sin aparecer en las cuentas tradicionales.
En el caso del turismo, el informe señala que los ecosistemas costero-marinos generan una contribución económica estimada en US$1,790 millones anuales. Esto es coherente con la importancia del litoral dominicano como base de playas, arrecifes, paisajes y biodiversidad que atraen visitantes y sostienen empleos e inversiones, como también destaca ECORED.
El Ministerio de Medio Ambiente describe al manglar como un ecosistema de alta productividad que funciona como barrera contra la erosión, ayuda a mejorar la calidad del agua y sirve de refugio para especies marinas y estuarinas. Esa función ecológica también tiene consecuencias económicas: sin costa sana, hay menos turismo, menos pesca, más erosión y mayores costos de protección y reparación, como se ha documentado en estudios técnicos sobre servicios ecosistémicos.
Turismo, energía y agricultura: sectores que dependen de ecosistemas sanos
La NEA-RD no se limita al litoral. También subraya la relación entre bosques de montaña, regulación hidrológica y generación hidroeléctrica. En 2024, la hidroeléctrica representó el 6.17% de la matriz energética dominicana y ayudó a evitar importaciones de petróleo valoradas en aproximadamente US$89 millones, de acuerdo con el reporte divulgado sobre la evaluación.
Eso revela una conexión estratégica: conservar cuencas altas y bosques no solo es una medida ambiental, sino también una decisión de seguridad energética y ahorro económico. En un país insular vulnerable al clima, la estabilidad de los ríos y la protección de los suelos son parte de la conversación sobre energía, precios y competitividad.
La agricultura también entra en este mapa. Aunque el material divulgado sobre la NEA-RD no detalla un monto específico para ese sector, sí establece que los servicios ecosistémicos benefician actividades productivas claves y que la conservación debe integrarse a la planificación pública. Esa idea coincide con la función de ecosistemas como humedales, manglares y bosques para regular agua, mantener suelos y amortiguar impactos extremos, como resalta el Ministerio de Medio Ambiente.
Costa, arrecifes y manglares: activos naturales de alto valor
La información ambiental oficial del país identifica un ecosistema costero-marino de 2,912.04 km² y una franja costera de 1,604.05 km en 17 provincias costeras, con 59 municipios costeros. Esa extensión explica por qué el litoral es tan decisivo para la economía dominicana: en él convergen turismo, pesca, transporte, recreación y protección ante tormentas, como se documenta en estudios técnicos y en informes ambientales nacionales.
El Ministerio de Medio Ambiente destaca que las playas son valiosas para el turismo y la recreación, mientras que los arrecifes de coral sostienen una gran diversidad biológica, y las praderas marinas sirven de hábitat para especies de importancia ecológica y económica. A su vez, estudios de valoración costera en el Caribe y en la República Dominicana han mostrado desde hace años que arrecifes y manglares ofrecen servicios de recreación, pesca y protección costera con impacto medible en la economía.
💡 ¿Sabías que? el ecosistema costero-marino dominicano cubre 2,912.04 km² y se extiende por 17 provincias costeras, según el Boletín de Estadísticas Ambientales.
Resiliencia climática y seguridad económica
Uno de los aportes más importantes de la NEA-RD es que vincula naturaleza y resiliencia. La evaluación sostiene que la conservación de los ecosistemas está estrechamente relacionada con la resiliencia económica, energética y climática del país. Esa afirmación es especialmente relevante para una isla expuesta a huracanes, sequías, degradación costera y variabilidad climática, como confirma el Boletín de Estadísticas Ambientales.
Los manglares, por ejemplo, reducen la erosión y actúan como barreras naturales contra las olas y la salinidad. Los arrecifes amortiguan el impacto del oleaje, y los bosques de montaña sostienen el agua que alimenta ríos, acueductos y sistemas energéticos. En conjunto, estos servicios evitan pérdidas, reducen vulnerabilidades y abaratan costos públicos y privados que, de otra forma, recaerían sobre el Estado y las comunidades.
La lógica es clara: proteger la naturaleza no compite con el desarrollo; lo hace posible con menos riesgo y más permanencia. En un contexto de presión fiscal y necesidad de inversión pública, incorporar el valor de los ecosistemas en la toma de decisiones puede ayudar a priorizar mejor el gasto, evitar obras vulnerables y orientar políticas con base en evidencia.
La Plataforma Dominicana de Biodiversidad: una herramienta para decidir mejor
Otro resultado de la NEA-RD es la creación de la Plataforma Dominicana de Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas, concebida como un espacio de diálogo intersectorial para fortalecer la toma de decisiones sobre conservación y gestión ambiental. Ese tipo de mecanismo es clave porque permite que el conocimiento no quede encerrado en un informe, sino que se traduzca en políticas, planes y acciones.
La evaluación fue coordinada por el Consorcio Ambiental Dominicano a solicitud del Ministerio de Medio Ambiente, con apoyo técnico de UNEP-WCMC y UNESCO, y con financiamiento internacional a través de la Iniciativa Internacional sobre el Clima (IKI) y SwedBio. Esa combinación de actores muestra que el país está construyendo capacidades nacionales para medir, valorar y gestionar mejor su patrimonio natural.
El propio ministro de Medio Ambiente, Paíno Henríquez, afirmó que los resultados serán incorporados en procesos de planificación, gestión ambiental y formulación de políticas públicas basadas en evidencia. Esa promesa no es menor: si se cumple, la NEA-RD podría convertirse en una referencia para decidir dónde conservar, dónde restaurar, cómo invertir y qué riesgos evitar.
Un llamado a mirar la biodiversidad como riqueza nacional
La gran enseñanza de la NEA-RD es que la biodiversidad dominicana no es solo un valor sentimental o paisajístico. Es capital natural, es protección, es productividad y es futuro. Desde los arrecifes y manglares hasta los bosques de montaña, el país posee una red viva que alimenta sectores estratégicos y sostiene el bienestar cotidiano de millones de personas.
Reconocer ese valor también es un acto de orgullo nacional. Significa entender que la riqueza dominicana no nace únicamente de lo que construimos con cemento y acero, sino también de lo que la tierra, el mar y los bosques han construido durante siglos para nosotros. La NEA-RD ofrece una base científica para cuidar mejor ese patrimonio y para que las decisiones públicas se tomen con una verdad simple, pero poderosa: sin ecosistemas sanos, no hay desarrollo sostenible duradero.
Referencias
Presentan evaluación nacional sobre el estado de los ecosistemas dominicanos (El Nuevo Diario)
Ecosistemas | Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales
Evaluación nacional destaca el valor estratégico de los ecosistemas para la República Dominicana (ECORED)
Boletín de estadísticas ambientales 2023 (ONE)
NEA-RD | Consorcio Ambiental Dominicano
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