Durante años, hablar de cáncer de mama en República Dominicana significó insistir en una palabra: detección. La mamografía, el examen clínico y la consulta ante cualquier cambio siguen siendo esenciales, pero la conversación médica empieza a ampliarse: el riesgo puede estudiarse antes de que aparezca una imagen sospechosa, mediante información genética, características biológicas del tejido y herramientas capaces de apoyar decisiones más precisas.
Una enfermedad que exige anticiparse
El cáncer de mama continúa siendo uno de los principales desafíos oncológicos del país. Según datos de GLOBOCAN 2022 divulgados por el Ministerio de Salud Pública, República Dominicana registró 3,244 nuevos casos y más de 1,457 fallecimientos por esta enfermedad. El propio ministerio ha señalado estas cifras como una razón para fortalecer los protocolos nacionales de atención.
En otros informes institucionales y periodísticos aparecen cifras distintas para el mismo año, entre ellas 3,412 diagnósticos y 1,577 muertes. La diferencia refleja variaciones en las fuentes y en la forma de contabilizar los casos, por lo que no debe interpretarse como una contradicción clínica automática. Lo que sí permanece constante es la magnitud del problema y la necesidad de mejorar el diagnóstico oportuno.
📊 Dato clave: GLOBOCAN 2022 reportó 3,244 casos nuevos de cáncer de mama en República Dominicana, según datos citados por el Ministerio de Salud Pública.
La situación dominicana forma parte de una tendencia regional. Un reporte citado por Diario Libre indicó que la incidencia del cáncer de mama en América Latina pasó de 33 casos por cada 100,000 mujeres en 1995 a 70 por cada 100,000 en 2022. En República Dominicana, ese mismo informe situó la incidencia en 59 casos por cada 100,000 mujeres y la mortalidad en 26 por cada 100,000.
Además, el diagnóstico tardío continúa siendo una preocupación. Según un reportaje de Diario Libre, el 57 % de los casos dominicanos se diagnostica en etapas avanzadas. Esa realidad vuelve indispensable la detección temprana, pero también plantea una pregunta más profunda: ¿qué puede hacerse antes de que una mujer tenga síntomas o antes de que el tumor sea visible?
De detectar el tumor a medir el riesgo
La doctora Lourdes Marmolejos, radiooncóloga vinculada al Centro de Radioterapia Integral Radonic, plantea que el cáncer de mama debe comprenderse cada vez más como una trayectoria de riesgo. En declaraciones publicadas por El Día, explicó que la enfermedad puede modelarse, vigilarse y, cuando sea posible, interrumpirse antes de su manifestación clínica.
Este cambio no elimina la mamografía. La coloca dentro de una estrategia más amplia. La imagen continúa siendo fundamental para identificar lesiones y orientar el diagnóstico, mientras que la genética y la biología molecular pueden ayudar a reconocer a las mujeres que requieren vigilancia más intensa o intervenciones específicas.
Los modelos de riesgo incorporan variables como los antecedentes familiares, la densidad mamográfica, la edad, los factores reproductivos y ciertos resultados genéticos. Entre las herramientas utilizadas internacionalmente se encuentran Gail, Tyrer-Cuzick y BOADICEA. Su propósito no es predecir el futuro con certeza, sino calcular una probabilidad individual que permita tomar decisiones médicas mejor informadas.
La utilidad de este enfoque depende de algo más que de disponer de un algoritmo. Se necesita personal capacitado para interpretar los resultados, consejería genética antes y después de las pruebas, protección de la privacidad y un sistema que pueda ofrecer seguimiento a las pacientes identificadas como de mayor riesgo.
Genética: información para decidir, no una sentencia
Las mutaciones hereditarias en genes como BRCA1 y BRCA2 pueden asociarse con un riesgo elevado de cáncer de mama y ovario. Sin embargo, recibir un resultado positivo no significa que la enfermedad sea inevitable. Significa que la paciente y su equipo médico cuentan con información adicional para discutir vigilancia, medicamentos preventivos o cirugía reductora de riesgo.
En mujeres con mutaciones de alta penetrancia, la mastectomía bilateral reductora de riesgo y, en situaciones seleccionadas, la extirpación preventiva de las trompas de Falopio y los ovarios pueden disminuir de forma marcada la probabilidad de desarrollar cáncer. Una revisión del Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU. señala que la mastectomía bilateral reductora de riesgo puede reducir ese riesgo al menos en 95 % en mujeres portadoras de una mutación BRCA1 o BRCA2, aunque la decisión requiere valoración individual.
La resonancia magnética mamaria anual puede utilizarse como complemento de la mamografía en mujeres con riesgo elevado. No sustituye automáticamente a la mamografía ni debe indicarse de manera indiscriminada: su uso depende del nivel de riesgo, la edad, los antecedentes y la evaluación de especialistas.
Estas decisiones también tienen una dimensión emocional. Conocer una probabilidad elevada antes de enfermar puede producir ansiedad, temor y conflictos familiares. Por eso, la consejería genética y el apoyo psicológico no son accesorios, sino componentes de una atención responsable.
Quimioprevención: reducir el riesgo con medicamentos
La prevención farmacológica es otra herramienta para mujeres seleccionadas con riesgo aumentado. El tamoxifeno y el raloxifeno, moduladores selectivos del receptor de estrógeno, han sido estudiados para disminuir la posibilidad de desarrollar ciertos tipos de cáncer de mama. También existen inhibidores de aromatasa, como anastrozol y exemestano, utilizados en contextos específicos de prevención.
El Instituto Nacional del Cáncer describe la quimioprevención como una opción que debe evaluarse considerando el riesgo individual y los posibles efectos adversos. No es una receta general para todas las mujeres ni reemplaza los controles habituales.
La conversación sobre estos medicamentos debe ser particularmente cuidadosa en el sistema dominicano. Una estrategia preventiva solo es efectiva si la paciente puede acceder al fármaco, recibir seguimiento y comunicar oportunamente síntomas o efectos secundarios. Sin continuidad asistencial, una intervención diseñada para prevenir puede convertirse en una decisión incompleta.
La inteligencia artificial como apoyo clínico
La inteligencia artificial está entrando en el campo de la imagen mamaria como herramienta de apoyo. Puede colaborar en la lectura de mamografías, identificar patrones sutiles y ayudar a priorizar estudios que requieren una revisión más rápida. Su función, sin embargo, no es reemplazar al radiólogo ni convertir una predicción estadística en un diagnóstico.
La evidencia disponible indica que el rendimiento de estos sistemas depende de la calidad de las imágenes, de los datos con los que fueron entrenados y de la población en la que se aplican. Un algoritmo desarrollado con pacientes de otros países puede no funcionar de la misma manera en la población dominicana si no se valida localmente.
Para que la inteligencia artificial sea útil en República Dominicana se requieren equipos digitales, conectividad, almacenamiento seguro, protocolos de ciberseguridad y profesionales capaces de revisar sus resultados. También debe vigilarse que la tecnología no aumente las desigualdades entre quienes reciben atención en centros especializados y quienes viven lejos de los principales núcleos urbanos.
Del tejido normal a la lesión precursora
La investigación contemporánea también intenta comprender qué ocurre antes del cáncer invasor. Lesiones como la hiperplasia atípica y el carcinoma ductal in situ pueden requerir vigilancia o tratamiento de acuerdo con sus características. No todas evolucionan de la misma manera, y el desafío consiste en distinguir las lesiones con mayor probabilidad de progresar de aquellas que podrían no causar daño durante la vida de la paciente.
En ese campo se estudian la biopsia líquida y el ADN tumoral circulante. Estas técnicas buscan detectar señales moleculares en la sangre, pero su incorporación a la práctica habitual todavía exige validación, estandarización y evidencia suficiente para demostrar que mejoran los resultados de las pacientes. Presentarlas como herramientas disponibles para toda la población sería prematuro.
La medicina personalizada avanza precisamente porque reconoce esa complejidad. Dos tumores situados en el mismo órgano pueden comportarse de manera diferente según sus receptores hormonales, su perfil molecular y otras características biológicas. Esa información puede influir en la elección del tratamiento, la necesidad de radioterapia y la intensidad del seguimiento.
Cuando menos tratamiento puede ser mejor tratamiento
La personalización también está modificando decisiones después de la cirugía. Estudios como LUMINA y PRIME II evaluaron si algunas mujeres mayores con tumores de características biológicas favorables podían omitir la radioterapia después de una cirugía conservadora, bajo criterios estrictos y con tratamiento hormonal cuando correspondía.
Estos resultados no significan que la radioterapia haya dejado de ser necesaria. Indican que algunas pacientes cuidadosamente seleccionadas pueden evitarla sin comprometer determinados resultados clínicos, siempre que la decisión se base en edad, biología tumoral, receptores hormonales, riesgo de recaída y seguimiento adecuado.
La lección para el país es importante: la innovación no consiste únicamente en agregar pruebas o tratamientos. También implica evitar intervenciones innecesarias cuando la evidencia permite hacerlo con seguridad.
El reto de convertir la innovación en acceso
República Dominicana cuenta con especialistas y centros que han incorporado tecnología avanzada al tratamiento oncológico. La doctora Marmolejos aparece como oncóloga radioterapeuta en información institucional de Saviacare, y su participación en la discusión pública refleja el papel de los profesionales dominicanos en la actualización del debate sobre cáncer de mama.
Pero la innovación aislada no transforma la salud pública. Para llevar este modelo a más pacientes se necesitan rutas claras de referencia, registros de cáncer confiables, cobertura para pruebas genéticas indicadas, disponibilidad de medicamentos preventivos, equipos de mamografía funcionales y tiempos razonables entre la sospecha, la biopsia y el tratamiento.
También se requieren equipos multidisciplinarios que integren oncología, radiología, cirugía, patología, genética, enfermería, psicología y trabajo social. La atención coordinada puede reducir pérdidas durante el proceso y ayudar a que una paciente no tenga que recorrer sola un sistema fragmentado.
El progreso dominicano debe medirse no solo por la existencia de tecnología en centros especializados, sino por la capacidad de ponerla al alcance de las mujeres que más la necesitan. La prevención basada en riesgo debe complementar, nunca sustituir, la educación, el examen clínico, la mamografía indicada y la atención rápida ante cualquier señal de alarma.
La nueva era del cáncer de mama no comienza cuando una máquina detecta una sombra. Comienza cuando una mujer puede conocer sus antecedentes, acceder a orientación confiable, recibir una prueba apropiada y encontrar un equipo capaz de acompañarla antes, durante y después de una decisión médica. En República Dominicana, esa transformación ya forma parte de la conversación; el desafío es convertirla en una política sostenida, equitativa y centrada en la vida de cada paciente.
Referencias
La prevención del cáncer de mama inicia antes del tumor (El Día)
Ministerio de Salud Pública de República Dominicana: estadísticas y protocolos
El 57% de los casos de cáncer de mama en RD se diagnostican avanzados (Diario Libre)
Cirugía reductora de riesgo para el cáncer de mama (Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU.)
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