La escena tuvo un aire solemne y, al mismo tiempo, profundamente dominicano: un presidente de la República Dominicana hablando de libertad en una tarima internacional, frente a una audiencia que lo reconocía por sus políticas y por su narrativa democrática. Pero más allá del aplauso, el mensaje de Luis Abinader apuntó a una advertencia que sigue siendo incómodamente actual: ninguna sociedad preserva sus libertades si las cambia por comodidad o por una falsa sensación de seguridad.
Una advertencia que trasciende la ceremonia
Al recibir el Champion of Freedom Award del Adam Smith Center for Economic Freedom de la Florida International University, Abinader sostuvo que la libertad “no es un legado garantizado, sino una tarea permanente”, una frase que condensó el espíritu de su discurso y el tono reflexivo que quiso imprimirle a la noche, según el comunicado oficial de la Presidencia de la República Dominicana. En ese mismo contexto, advirtió sobre los riesgos que enfrentan las democracias cuando los ciudadanos ceden libertades a cambio de conveniencia, un mensaje que, leído desde República Dominicana, remite tanto al presente político como a la responsabilidad histórica de sostener la vida democrática sin atajos.
La distinción fue presentada por el propio Gobierno como un reconocimiento a su liderazgo y a la aplicación de políticas de libre mercado responsables y efectivas. Más allá del galardón, el valor político del momento estuvo en la insistencia del mandatario en que la libertad exige responsabilidad y compromiso, y en que no basta con proclamarla: hay que cuidarla, institucionalizarla y ejercerla en la vida pública cotidiana.
El peso simbólico del Champion of Freedom Award
El premio otorgado a Abinader no fue un gesto menor. El Adam Smith Center for Economic Freedom se describe como un centro que trabaja en la intersección de las políticas gubernamentales y el libre mercado, con la misión de informar, influir e inspirar a líderes actuales y futuros para impulsar políticas orientadas a la libertad económica y la prosperidad humana, de acuerdo con la propia descripción institucional del centro. Esa contextualización explica por qué el mensaje del presidente dominicano encontró eco en un espacio donde el debate sobre instituciones, mercado y democracia forma parte del ADN del evento.
Para la República Dominicana, el reconocimiento tiene además un valor simbólico: coloca en una vitrina internacional la idea de que el país puede hablar no solo de crecimiento, sino también de calidad institucional, transparencia y confianza. En un continente donde la fragilidad democrática ha sido tema recurrente, el premio funciona como una señal de respaldo a una ruta de gobierno que intenta vincular estabilidad macroeconómica con legitimidad democrática.
Libertad, bien común y responsabilidad colectiva
Uno de los ejes más sólidos del discurso de Abinader fue su esfuerzo por desmontar una falsa contradicción entre libertad individual y responsabilidad social. El presidente afirmó que la libertad pierde sentido cuando se separa del bien común y que el desafío de las democracias consiste en hallar un equilibrio entre derechos individuales y deberes colectivos. Esa idea no es nueva en la teoría política, pero sí resulta esencial en un tiempo en el que muchas sociedades se debaten entre el exceso de polarización y la tentación de soluciones simples.
📊 Dato clave: Abinader afirmó que la libertad “no es un legado garantizado, sino una tarea permanente”, al recibir el Champion of Freedom Award en Miami, Florida, según la Presidencia dominicana.
Su frase “Crecer no es solo producir más. Crecer es ampliar horizontes. Es permitir que cada persona pueda imaginar y construir su propio futuro” resume una visión de desarrollo que no reduce la prosperidad a cifras macroeconómicas. En cambio, la conecta con movilidad social, oportunidades reales e instituciones que no ahoguen la iniciativa ciudadana. En un país como República Dominicana, donde el crecimiento económico ha sido una conversación constante de las últimas décadas, esa precisión importa: el desarrollo no solo se mide en expansión, sino en la capacidad del Estado de convertir esa expansión en bienestar compartido.
Cervantes, Tocqueville, Berlin y Adam Smith: una arquitectura de ideas
El presidente abrió su intervención evocando a Miguel de Cervantes y la célebre frase de Don Quijote de la Mancha sobre la libertad como uno de los más preciosos dones que los cielos dieron a los hombres. La cita no fue ornamental: le permitió presentar la libertad como una condición moral del ser humano y no como una consigna abstracta. En el contexto dominicano, esa idea resuena porque la democracia no solo se defiende en el voto o en la ley, sino también en la cultura cívica que sostiene el respeto a la dignidad humana.
Abinader también mencionó a Alexis de Tocqueville, pensador fundamental para entender la relación entre libertad y democracia moderna. Tocqueville observó que las democracias pueden debilitarse cuando la ciudadanía se repliega o cuando el poder concentra demasiadas respuestas. La alusión del presidente fue coherente con su llamado a preservar la autonomía individual y fortalecer las convicciones democráticas de los pueblos. En términos prácticos, eso significa una defensa de la participación ciudadana, del pluralismo y de la vigilancia sobre el poder.
La referencia a Isaiah Berlin completó el marco teórico de su discurso. Berlin distinguió entre la libertad “de” restricciones y la libertad “para” construir un proyecto de vida. Abinader recuperó esa tensión filosófica para subrayar que la libertad auténtica no consiste solo en que el Estado no obstaculice, sino en que las personas tengan condiciones reales para desarrollarse. Esa distinción es particularmente útil para la República Dominicana, donde la discusión pública sobre progreso también pasa por educación, empleo, movilidad y oportunidades.
En cuanto a Adam Smith, el mandatario lo presentó como un pensador cuya visión de la libertad económica está ligada a la dignidad compartida, sustentada en reglas claras, justicia y confianza institucional. Esa lectura coincide con el sentido que el centro organizador del premio le atribuye a su propia misión: libertad económica unida a prosperidad humana. Para Abinader, entonces, el mercado no aparece como un fin en sí mismo, sino como una herramienta que debe estar subordinada a instituciones fuertes y a una ética pública transparente.
Un mensaje político con ecos dominicanos
La parte quizá más relevante del discurso fue su compromiso explícito con fortalecer las instituciones, garantizar la transparencia y proteger el Estado de derecho. En República Dominicana, esas tres expresiones han sido parte del debate público durante años, pero no siempre se sostienen con la misma coherencia desde el poder. Por eso la insistencia presidencial adquiere valor político: no se trata solo de una consigna de campaña ni de una frase de ocasión, sino de una promesa de gobernabilidad basada en reglas.
Ese énfasis también ayuda a comprender por qué la libertad fue presentada no como un lujo ideológico, sino como el piso mínimo de una democracia sana. Cuando Abinader llama a defender el diálogo, la pluralidad y la búsqueda de consensos frente a la polarización internacional, está colocando a la sociedad dominicana dentro de una conversación más amplia: cómo resistir la simplificación del debate público sin renunciar a la firmeza democrática.
La presencia de figuras como Iván Duque, Gianni Infantino, Víctor “Ito” Bisonó, Eduardo Sanz Lovatón, César Dargam y Carlos Díaz Rosillo en la gala reforzó la dimensión internacional del acto, pero el centro del mensaje siguió siendo claramente dominicano: una visión de país que intenta unir crecimiento, institucionalidad y libertad como partes de una misma aspiración nacional.
Lo que deja este discurso para el futuro democrático dominicano
Más allá del protocolo y del brillo de Miami, el valor de estas palabras está en su vigencia. La República Dominicana ha construido en las últimas décadas una democracia con avances indiscutibles, pero también con desafíos persistentes en materia de confianza institucional, participación ciudadana y calidad del debate público. En ese marco, escuchar al jefe de Estado insistir en que la libertad exige responsabilidad y que el desarrollo debe ampliar horizontes ofrece una narrativa útil para pensar el país desde sus mejores tradiciones.
El reconocimiento internacional, en este caso, no solo honra a una gestión; también proyecta una idea de República Dominicana que aspira a ser vista como una democracia capaz de defender sus instituciones y de colocar la libertad en el centro de su identidad nacional. Si ese mensaje logra convertirse en cultura política y no solo en discurso, entonces su alcance será mayor que el de una gala: podrá convertirse en una brújula para el porvenir.
La libertad, como recordó Abinader, no se recibe hecha. Se protege, se practica y se renueva. Y en esa tarea, República Dominicana tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de demostrar que democracia, dignidad y desarrollo pueden caminar juntos sin sacrificar ninguno de los tres.
Referencias
Presidente Abinader advierte sobre riesgos que enfrentan sociedades democráticas cuando ceden libertades
El presidente dominicano alerta sobre los peligros de ceder libertades en sociedades democráticas
Discurso del presidente Luis Abinader en el Tercer Encuentro del Grupo Libertad y Democracia
Palabras del presidente Luis Abinader en Congreso Internacional de Sociedad Civil
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